Metallica desata la euforia en Caracas

Los Cuatro Jinetes sacudieron a la multitud de casi 30.000 personas que aguardó durante horas en los Campos de Béisbol de La Rinconada, por un show marcado por el sonido impecable y potente del rock. Vea: Galería

Tras más de 10 años de ausencia de los escenarios venezolanos, el día M llegó. La banda estadounidense Metallica descargó la furia de sus guitarras en un show que quedará plasmado en la memoria de sus fieles fanáticos.

Sobre una tarima de 18 metros de longitud y una pantalla que cubría casi todo el fondo del escenario, el espectáculo se desenvolvió con un sonido impecable y potente que levantó la euforia de quienes esperaron durante horas a la banda y corearon varias veces su nombre aclamando su salida.

Por poco más de dos horas, Metallica hizo vibrar los espacios de los campos de béisbol de La Rinconada en una noche en la que el rock fue el rey absoluto, y en la que sus seguidores sucumbieron ante los golpes de platillos y cuerdas.

El concierto, contrario a lo que se suponía, transcurrió en calma y sólo se vieron algunos desmayados. Barreras de efectivos de la Policía Metropolitana y agentes de seguridad privada impidieron que se desatara cualquier foco de violencia, hecho muy común en este tipo de presentaciones metalleras.

Hora y media después, a las 7:30 pm, se escucharon los acordes y los platillos potentes y pesados de Mastodon, que a pesar de toda la descarga no logró gritos de los fanáticos que aguardaban a la banda de Lars Ulrich, James Hentfield, Kirk Hammett y Robert Trujillo.

Finalmente, Metallica hizo su entrada al escenario a las 9:10 pm, hora en la que sonó Creeping Death para desatar las pasiones de los fans, seguida de For whom the bells tolls.

La intensidad de Fuel fue acompañada por largas llamaradas de fuego en el escenario y sus laterales, efecto que más tarde se repetiría, junto a fuegos artificiales, con himnos como One, Master of Puppets, Blackened y Nothing else matters.

No faltaron en el repetorio temas como Harvester of Sorrow, Whiplash, The day that never comes, Cyanide y Fade to Black, sin mencionar un par de excelentes solos de guitarra a cargo del talentoso Hammett.

Un James Hentfield emocionado se dirigió al público varias veces para advertir a los fieles sobre “lo pesado” de sus canciones. Pero no hizo falta. La energía del público se mantuvo intacta durante todo el show. “Caracas, tú nos hiciste sentir bien”, dijo el vocalista antes del falso final que marcó Enter Sandman.

“¿Los podemos llevar de gira? Ustedes podrían guiar a otras multitudes”, comentó el cantante al volver a la tarima.

Tras un par de canciones, el cuarteto se retiró con Seek and Destroy y un grito enérgico y con la voz grave de metallero de “Caracaaaas” mientras las llamas de fuego se elevaban hacia el cielo.

A las 11:10 pm, el esperado recital había culminado en medio de los comentarios de asombro de los seguidores que constataron que la presentación fue superior a la de 1998.

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