Baia, la ciudad sumergida de la antigua Roma

Ruinas de Baia

Sabemos que a los romanos les encantaba el agua, las termas, los baños. Eran limpios y sociables y allá a dónde iban construían estas instalaciones que tras la caída del Imperio desaparecieron de la cultura europea.

Uno de los destinos termales de la antigua Roma era Baia, una ciudad costera en el Golfo de Nápoles. Era un popular destino de recreo de la nobleza, en especial en los años postreros de la República y era superior a Pompeya o Capri. Parece que era la ciudad del pecado y que había muchas cosas permitidas… Lamentablemente ha quedado sumergida para siempre desde la época del Renacimiento.

Baia se construyó sobre un campo volcánico. Sus aguas termales llenaron piscinas sulfurosas y los hábiles ingenieros romanos lograron darle forma a un intrincado sistema subterráneo de canales que llevan y traían agua por todo el complejo. Un lujo. Incluso Julio César tenía una residencia de recreo aquí. ¡Imagina eso! Enormes piscinas para nadar, un casino bajo techo, baños fríos y calientes, baños medicinales… todo para la gente rica, naturalmente.

Cuando el esplendor romano se apagó Baia fue saqueada por los bárbaros y después, en el siglo VIII, por los musulmanes. La malaria acabó con su población hacia el siglo XVI y debido a la actividad volcánica y a los movimientos de tierra la mayor parte de Baia terminó bajo las aguas. Estas aguas parieron alguna estatuas antiguas en los últimos años, esculturas que adornan algunos museos o colecciones privadas.

Hoy en día las ruinas de Baia forman parte de un parque arqueológico submarino y si quieres visitarlas deberás calzarte el equipo de snorkel o buceo o meterte en un bote con fondo de vidrio. ¿Acaso no vale la pena? Nadar entre estas ruinas debe ser algo fantástico.

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