Marcar diferencias, similitudes o defectos resulta un poco odioso pero es tan humano que resulta imposible escaparse. Cualquier viajero que recorre América terminará hablando de cómo son los chilenos, argentinos, cubanos o estadounidenses.
Lo mismo sucede cuando uno recorre Europa y también a la hora de visitar Asia. La geografía y la historia de cada tierra moldean la idiosincrasia de su pueblo, así que al pensar en potencias como China y Japón nos preguntamos ¿cuáles son las diferencias entre las chinas y las chicas japonesas?
China y Japón

China no es un país expansionista. No ha sido particularmente belicosa. ¿Estás pensando en El Tibet? Sí, pero formaba parte de sus territorios desde mucho antes de la incursión europea así que ahí hay un largo debate.
Lo que quiero decir es que el pueblo chino es un pueblo que se mira el ombligo, por decirlo de alguna manera. No le ha interesado mucho el mundo exterior y sus contactos han sido esporádicos, interesados y muchas veces obligados por las inquietas potencias de la Vieja Europa.

Siempre me imagino que habrá sentido o pensado Marco Polo y los siguientes viajeros europeos cuando se toparon con el glamour y el estilo de la corte imperial china. ¡Vaya maravilla! Casi como viajar a otro planeta.
Japón, por el contrario, como un enano prepotente, siempre ha puesto la mirada en sus horizontes marinos y ha querido traspasarlos. Es un pueblo guerrero, aunque hoy anda muy tranquilito, y a lo largo de la historia ha ocupado y conquistado más de una vez Corea y anexado un reino que a la postre se convirtió en la japonesa Okinawa.

La cultura china es milenaria y tan rica que ha terminado por influir y moldear las culturas de sus vecinos. Todos se copiaron de ella y por eso es que los kanjis japoneses son los ideogramas chinos, solo por poner un ejemplo.
Las mujeres chinas

Como decía antes la geografía y la historia moldean a los seres humanos. Las mujeres chinas han visto la transformación de sus vidas a lo largo de los siglos pero básicamente experimentaron los mejores y grandes cambios durante los últimos años de la Dinastía Qing, la Guerra Civil y al ganar los comunistas y fundarse la República Popular China.

A pesar de todo el casamiento y la reproducción siguen siendo partes importantes de la vida de las mujeres. Los matrimonios concertados eran la regla antes de la revolución y fue a partir de una ley de 1950 que se intentó desde el gobierno transformar la subordinación femenina prohibiendo las concubinas, la bigamia y la poligamia, por ejemplo.
Después llegó la Ley del Hijo Único, en los ’70. Por supuesto, siempre hubo, hay y habrá diferencias entre el campo y las ciudades.
Hoy, de la mano de la idea «Un país, dos sistemas«, las mujeres chinas que viven en las ciudades se asemejan mucho a las occidentales pero todavía no han logrado escaparse del mandato familiar de los hijos y la familia y encaran estas dobles funciones como el resto de las mujeres del planeta en un mundo patriarcal.

La situación de la mujer en Japón no ha sido muy distinta. Las mujeres japonesas han vivido subordinadas al control paterno toda la vida. Y si no había padre, al del hermano. Los matrimonios arreglados fueron moneda corriente y la situación, como en China, recién cambió en el siglo XX y especialmente con la ocupación estadunidense tras la Segunda Guerra.

Pero a pesar de ser Japón un país desarrollado aquí las mujeres siguen cobrando menos que los hombres por la mismas labores. Aunque no les pesa la ley del hijo único los costes de mantener niños son tan altos que solo tienen uno o dos hijos y las jornadas laborales de ocho horas es fácil que se extiendan a diez o doce.
Un japonés espera de sus mujeres modestia, cierta timidez, cortesía y que se ocupe de los roles domésticos. Las generaciones más jóvenes no siguen esto a rajatabla pero es algo que todavía se percibe.
Yo no diría que las chicas japonesas son unas geishas totales, esa es la imagen de occidente, pero puertas adentro y análisis sociológico mediante aquí sucede lo mismo que en el resto del mundo. Hemos recorrido un largo camino, chicas, pero aún falta…
Diferencias entre chinas y las chicas japonesas

Primero hay que aclarar que esta lista no intenta ofender a nadie. Son generalidades pues es difícil hablar de una sociedad sin ser miembro de ella. Estas cuestiones de las que hablaremos ahora se basan en observaciones personales, comentarios, estereotipos, opiniones de chinos, japoneses y extranjeros. Así que, por favor, a no indignarse.
Un buen punto de partida o piedra de toque para hacer una lista de diferencias y similitudes es la historia política: la Revolución China influyó muchísimo en el rol de la mujer china en la sociedad. Legalmente ocuparon de un momento a otro el mismo estatus que el hombre y eso fue importantísimo.

Por otro lado Japón se transformó rápidamente en una potencia industrial así que las mujeres japoneses saben hace décadas que viven en una de las potencias más importantes de Asia. Hacia afuera son mujeres amables, calladas y algo tímidas pero basta vivir un poco en el país para descubrir periodistas, políticas, artistas y mujeres de calle muy activas, que no callan nada.

Las chicas japonesas suelen casarse con chicos de su edad, al terminar la universidad, y juntos emprenden una vida de trabajo, con pocos hijos y mucho esfuerzo. La pareja es importante y lo mismo el trabajo. Si bien hay matrimonios mixtos no es lo más común. Los extranjeros pueden resultarles curiosos pero es raro que elijan uno para casarse.
En China sucede lo contrario. Muchos dicen que si una china tiene la posibilidad de casarse con un extranjero es algo que aprovechará. Tienen una relación más cercana con sus familias políticas y las suegras siguen teniendo un peso indeseado en el matrimonio.

Hoy en día que hay mucho consumismo no son pocas las noticias que revelan que cada vez más muchachas chinas eligen casarse con hombres mayores y con buena situación económica, en lugar de forma pareja con gente de su edad. La insistencia de sus padres por el dinero y la seguridad económica es fuerte.
Aquí hago una observación personal pues tengo una amiga china: una hermana se casó con un técnico en electrónica y no les agradó nada porque no tenía ni tendría suficiente dinero. Otra hermana se casó con un gerente de empresa estadounidense y no pusieron ni un pero. Digan lo que digan, el dinero a los chinos les interesa mucho.

¿Qué diferencias podemos encontrar entonces entre las chinas y las chicas japonesas? Te invito a que nos riamos y pensemos juntos:
- las mujeres chinas odian a sus suegras mientras las chicas japonesas las consideran sus segundas madres
- las mujeres chinas son muy convencionales en la cama mientras las japonesas son bastante activas.
- las mujeres chinas le ladran a sus esposos cuando llegan tarde a casa mientras que las chicas japonesas son más comprensivas, aunque a veces no lleguen del trabajo sino del bar donde se sacan el estrés laboral de encima
- las mujeres chinas aceptan y buscan el casamiento con extranjeros mientras las chicas japonesas llegan a considerarlo un desgracia.
- Las mujeres chinas jóvenes prefieren a los hombres mayores, ya establecidos y con dinero, para casarse. Las chicas japonesas suelen formar pareja con alguien de su edad.
- Las madres japonesas enseñan a sus hijas a buscar esposo y a relacionarse bien con la familia política mientras que las madres chinas insisten a sus hijas para que controlen los asuntos familiares y de su esposo.
- Las mujeres japonesas pueden tolerar un hombre sin dinero pero no lidian bien con cobardes o débiles. Las chinas al revés.
- Las mujeres japonesas suelen ser indulgentes con la infidelidad de sus parejas mientras las chinas lo son mucho con las propias. De hecho, en China las relaciones extramatrimoniales de las mujeres están a la orden del día.
Para terminar hay que decir que ambas mujeres son luchadoras, saben sacar sus familias adelante e históricamente han vivido tiempos difíciles, de guerra y de hambre. Han visto a sus hombres salir a luchar y no regresar o regresar perdidos, han salido ellas mismas a trabajar largas horas y todavía hoy, como nos sucede a todas las mujeres del mundo, no les reconocen el doble trabajo que implica tener una familia y una profesión.