Si estás pensando en viajar a la costa dálmata y te apetece descubrir tres pueblos con mucho encanto cerca de Zadar, estás en el lugar adecuado. La región es un auténtico escaparate de historia, calas de agua transparente, cascos antiguos encantadores y rutas panorámicas en coche que van enlazando ciudades medievales, fortalezas venecianas y pequeños puertos pesqueros. Y todo ello sin perder de vista a Zadar, una ciudad que mezcla como pocas el legado romano con el arte contemporáneo del Órgano de Mar y el Saludo al Sol.
Además de hablar de esos tres pueblos bonitos alrededor de Zadar, es imposible no mencionar a sus “hermanas mayores” Sibenik y Trogir, dos ciudades medievales que suelen quedar a la sombra de Dubrovnik o Split, pero que en realidad concentran parte de lo mejor de Croacia: cascos históricos amurallados, catedrales Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, fortalezas en lo alto de las colinas y paseos marítimos perfectos para rematar el día con una cerveza fría mirando al Adriático.
Zadar: punto de partida perfecto en la costa dálmata
Zadar es uno de los mejores campamentos base para explorar pueblos bonitos y rincones naturales de Dalmacia. Su casco antiguo, totalmente peatonal y asentado en una pequeña península, condensa dos milenios de historia: desde el Foro Romano hasta las murallas venecianas declaradas Patrimonio de la Humanidad, pasando por iglesias prerrománicas y plazas llenas de terrazas.
La visita suele arrancar en los restos del antiguo Foro Romano de Zadar, que fue el gran centro cívico de la ciudad en época imperial. Hoy quedan tramos de columnas y basamentos, pero el espacio sigue transmitiendo la idea de plaza monumental, sobre todo porque comparte escenario con algunas de las iglesias más emblemáticas de Zadar.
En uno de los lados del foro se levanta la Iglesia de San Donato, el edificio más icónico de la ciudad. Este templo circular, de estilo prerrománico del siglo IX, destaca por su planta redonda y por la sobriedad de su interior, que en ocasiones se usa incluso como sala de conciertos gracias a su buena acústica. En la fachada exterior todavía se conserva el llamado “pilar de la vergüenza”, donde antaño se encadenaba a los condenados para escarnio público.
Justo al lado se sitúa la iglesia y monasterio de Santa María, con su torre conocida como Torre de Koloman, levantada en honor al rey húngaro de Croacia. El conjunto actual es en buena parte una reconstrucción del siglo XX, ya que la zona sufrió bombardeos intensos en la Segunda Guerra Mundial, pero mantiene el aire monástico y alberga un museo de arte sacro. Frente a ella, el Museo Arqueológico de Zadar exhibe piezas que van desde la Prehistoria hasta los primeros asentamientos croatas.

La gran referencia religiosa de la ciudad es la Catedral de Santa Anastasia, la mayor de toda Dalmacia. Se construyó entre los siglos XII y XIV sobre una basílica paleocristiana anterior y mezcla elementos románicos y góticos. Su fachada de inspiración toscana es uno de los iconos del skyline de Zadar, y subir al campanario regala una panorámica estupenda del casco viejo, el puerto y las islas cercanas.
Para tomarle el pulso más local a Zadar, nada como acercarse a la Plaza del Pueblo, Narodni Trg. Es la plaza que mejor ha conservado su tejido histórico, rodeada por el Ayuntamiento, la Logia Municipal y la torre del reloj. Las terrazas toman casi todo el espacio, así que es un gran lugar para desayunar, tomar un café o hacer una parada a media tarde mientras la vida local pasa delante de tu mesa.
A unos minutos a pie se abre la Plaza de los Cinco Pozos, Trg Pet Bunara. Antes de que se construyera, aquí se encontraba parte del foso defensivo de la ciudad. Los venecianos levantaron cinco pozos alineados sobre una gran cisterna en el siglo XVI para garantizar el suministro durante los asedios, especialmente cuando las incursiones turcas inutilizaron acueductos y otras infraestructuras de agua.
En uno de los extremos de esta zona amurallada se encuentra la Puerta de Tierra o Porta Terraferma, accesible desde la plaza. Es una monumental puerta renacentista de 1543 que en su día daba paso a un puente levadizo sobre el foso. El relieve del león alado de San Marcos delata la huella de la República de Venecia y la convierte en uno de los grandes símbolos arquitectónicos de Zadar.

Si subes unos metros por encima de la Puerta de Tierra, alcanzarás el Parque de la Reina Yelena Madijevka, un jardín romántico del siglo XIX considerado uno de los parques públicos más antiguos de Croacia. Además de ser un respiro verde entre tanta piedra, ofrece buenas vistas sobre las murallas y la propia Porta Terraferma.
Otro rincón muy auténtico es el mercado al aire libre, que continúa celebrándose en el mismo lugar desde la Edad Media. Es el sitio ideal para comprar quesos, miel, mermeladas caseras, frutas, verduras y productos locales. Si eres de los que vuelven del viaje con la maleta llena de “souvenirs comestibles”, ve reservando hueco.
Pero si hay dos lugares que han convertido a Zadar en un destino contemporáneo y muy fotogénico, son el Órgano del Mar y el Saludo al Sol. En la punta de la península, junto al paseo marítimo, un sistema de tubos integrada en los escalones convierte el oleaje del Adriático en una melodía cambiante: es el famoso Órgano del Mar, una instalación de arte sonoro que invita a sentarse y simplemente escuchar.

Muy cerca del órgano, el Saludo al Sol ocupa el suelo con un gran círculo de 22 metros formado por paneles de vidrio que esconden células solares. Durante el día acumula energía y al caer la noche se transforma en un espectáculo de luces de colores que fascina a familias, parejas y grupos de amigos. Este rincón se ha hecho célebre también por sus atardeceres, que Alfred Hitchcock llegó a describir como los mejores del mundo.
Zadar, además, está muy bien conectada con el resto de la costa dálmata. La autopista E65 conecta la ciudad de norte a sur, hay autobuses frecuentes hacia casi cualquier lugar del país, un pequeño aeropuerto con vuelos internos y europeos en temporada alta, y líneas de ferry que navegan desde Zadar hasta Istria, las islas del entorno o incluso Ancona, en Italia. Eso la convierte en el punto de partida ideal para empezar a descubrir pueblos bonitos y ciudades históricas cercanas.
Tres pueblos y ciudades con encanto cerca de Zadar: ruta por la costa dálmata

A escasa distancia en coche de Zadar encontrarás tres paradas imprescindibles para una ruta de uno o varios días: Sibenik, Trogir y la propia Zadar como base. Aunque dos de ellas son formalmente ciudades, conservan tanto aire medieval y escala tan manejable que se viven como pueblos grandes, llenos de rincones fotogénicos, callejuelas empedradas y plazas recoletas.
La Costa Dálmata, en sentido estricto, hace referencia a todo el frente marítimo croata, pero cuando se habla de ella a nivel turístico se piensa sobre todo en el tramo que va de Zadar a Dubrovnik. En medio se suceden enclaves como Sibenik, Trogir, Split, Omis, Ston o la isla de Hvar, cada uno con su propio carácter, sus fortalezas y sus playas de guijarros.
Históricamente, esta franja fue un auténtico tablero de ajedrez entre potencias. Originalmente poblada por pueblos ilirios, recibió colonias griegas, fue provincia romana, más tarde zona de asentamiento de tribus eslavas y territorio disputado por el Imperio Bizantino, el Reino de Croacia, los francos y, con el tiempo, la República de Venecia. Después llegarían los dominios napoleónicos, Austria, el periodo de Yugoslavia y, finalmente, la Croacia independiente que conocemos hoy.
Las ciudades que hoy visitamos cómodamente esconden siglos de asedios, tratados y batallas. Zadar pasó por manos romanas, venecianas e italianas antes de integrarse definitivamente en Croacia tras la desintegración de Yugoslavia. Sibenik es de las pocas fundadas por croatas y no por griegos o romanos. Y Trogir, con orígenes del siglo III a.C., condensa capas helenísticas, romanas, medievales y renacentistas en apenas unas calles.
En la práctica, la forma más cómoda de recorrer esta ruta es en coche, siguiendo la autopista E65 y desviándose a cada población. También se pueden combinar autobuses interurbanos, que son frecuentes y relativamente económicos, o incluso ferries que enlazan estas ciudades con islas cercanas o con Split y Dubrovnik. El tren es menos recomendable, ya que las conexiones son escasas y lentas; de hecho, Zadar y Trogir carecen de estación.
Sibenik: catedrales, fortalezas y vistas al Adriático

A apenas una hora en coche al sur de Zadar se encuentra Sibenik, capital del condado de Sibenik-Knin. Es una ciudad de tamaño medio, con unos 40.000 habitantes, conocida por su imponente catedral, su entramado de callejuelas empinadas y sus cuatro fortalezas. A diferencia de otras localidades dálmatas, su origen no es griego ni romano, sino croata: la primera mención data del año 1066, bajo el reinado de Petar Kresimir, conocido como Pedro el Grande.
El centro histórico de Sibenik es completamente peatonal, así que lo habitual es dejar el coche cerca del puerto y subir andando al casco viejo. Desde el paseo marítimo, una buena entrada es la calle Kralja Tomislava, que conduce directamente hacia la parte alta de la ciudad. A mitad de camino se abre un pequeño rincón donde asoma la Iglesia de Santa Bárbara.
La Iglesia de Santa Bárbara es un templo modesto, pero la plazuela que la rodea tiene mucho encanto. Frente a la fachada destaca una curiosa estatua metálica de una niña con paraguas, cuya historia no está muy documentada en las guías, pero que llama la atención de cualquiera que pasa por allí. Es uno de esos detalles contemporáneos que contrastan con la piedra vieja del casco medieval.
Continuando unos pasos más, se llega a la espectacular Plaza de la República, el auténtico salón urbano de Sibenik. Aquí se levanta el antiguo Ayuntamiento, un edificio porticado de dos plantas del siglo XVI que hubo de ser reconstruido tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. En la práctica, hoy alberga un elegante restaurante con terraza bajo los soportales, un lugar estupendo para comer o cenar con vistas a la plaza.

En uno de los laterales de la Plaza de la República se levanta la obra maestra de Sibenik: la Catedral de Santiago. Diseñada en buena parte por el arquitecto Juraj Dalmatinac (Giorgio Dalmático), fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000. Llama la atención porque está construida íntegramente en piedra caliza local y mármol blanco de la isla de Brac, unificando de manera magistral los estilos gótico y renacentista.
La catedral es conocida por el friso de 75 cabezas humanas talladas en su fachada lateral, que representan a los ciudadanos que aportaron fondos para su construcción. Es una especie de “fotografía” pétrea del Sibenik del siglo XV. El interior, luminoso y sobrio, remata el conjunto de uno de los templos más importantes de toda Croacia.
En la misma plaza encontrarás también la estatua de Juraj Dalmatinac, el gran arquitecto local, que llegó a trabajar incluso en el Palacio Ducal de Venecia antes de encargarse de buena parte de las construcciones monumentales de Sibenik. Su figura resume bien la mezcla de influencias venecianas y dálmatas que define a la ciudad.
Si sigues subiendo por las estrechas callejuelas empedradas, llegarás al Monasterio de San Lorenzo. Sus jardines, antaño abandonados durante décadas, fueron restaurados y se convirtieron en un oasis de paz, aunque es posible encontrarlos cerrados según la época del año o la hora. Incluso así, el entorno invita a explorar: en las inmediaciones aparece una pequeña capilla incrustada en la roca que pocos turistas conocen.
Más arriba se alzan las fortalezas que protegían Sibenik y que hoy regalan algunas de las mejores vistas de la costa dálmata. La más cercana al mar es la Fortaleza de San Miguel, encaramada sobre una colina que domina el casco antiguo y la bahía. Subir a pie desde el Monasterio de San Lorenzo es una buena manera de saborear el laberinto de callejuelas antes de asomarse al panorama.

Un poco más al interior está la Fortaleza del Barón, la que muchos viajeros eligen para su visita. Pese a lo que pueda indicar el GPS, no se puede llegar con el coche hasta la puerta misma; hay que dejarlo unos cientos de metros antes y terminar de subir andando. La panorámica desde sus murallas permite contemplar la ciudad entera, la Fortaleza de San Miguel y el entramado de tejados rojos que descienden hacia el puerto.
La cuarta en discordia, la Fortaleza de San Juan, se alza aún más lejos y en peor estado de conservación, pero también ofrece un mirador natural sobre el Adriático. Por último, la Fortaleza de San Nicolás, situada en la entrada del canal de San Antonio sobre el mar, es quizá la más singular desde el punto de vista militar y también forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO como ejemplo de arquitectura defensiva veneciana.
Después de tanto subir y bajar, no viene mal una recompensa gastronómica y enológica. Muy cerca de Sibenik, la bodega familiar Rak Winery se ha hecho un hueco entre los viajeros que buscan catas de vino con carácter local. En su porche se pueden degustar vinos blancos, rosados y tintos de producción propia, acompañados de embutidos, quesos, pan casero, aceitunas y aceite elaborados en la finca.
La experiencia en Rak Winery suele ser muy personal: uno de los propietarios explica cada vino y el legado de su abuelo, fundador de la bodega. Muchos visitantes terminan llevándose alguna botella, especialmente del tinto, que sorprende por su calidad. Es una parada perfecta para completar la jornada en Sibenik antes de regresar a Zadar o seguir rumbo a Trogir.
Trogir: joya medieval en una isla amurallada

Continuando hacia el sur, a unos 50 kilómetros de Sibenik, te espera Trogir, una pequeña ciudad construida literalmente sobre una isla. Su casco histórico, unido al continente por un puente, es Patrimonio de la Humanidad desde 1997 y conserva un trazado medieval muy compacto, de esos que se pueden recorrer a pie en un rato… si no te paras a cada paso a hacer fotos.
El acceso más habitual es dejar el coche en el gran aparcamiento que hay justo antes del puente y entrar caminando por la llamada Puerta de la Tierra. Sobre el arco de piedra destaca la estatua de Giovanni Orsini, patrón de la ciudad, que parece dar la bienvenida a los viajeros que cruzan el umbral.
Una vez dentro, la calle Gradska funciona como eje principal hacia la Plaza de Juan Pablo II. En el recorrido, apenas unos minutos, ya asoman fachadas de piedra, balcones renacentistas y pequeños patios. Uno de los edificios más destacados es el Palacio Cipiko, antigua residencia de una poderosa familia local del siglo XV, con ventanales góticos y detalles que muestran claramente la influencia veneciana.
Frente al Palacio Cipiko se levanta la impresionante Catedral de San Lorenzo, probablemente el monumento más emblemático de Trogir. Su construcción se prolongó casi cuatro siglos, desde alrededor del 1200 hasta 1589, lo que explica que combine estilos gótico, renacentista e incluso toques barrocos. El campanario de 47 metros es una curiosa lección de historia en sí mismo, pues cada tramo responde a una época diferente.

La joya de la catedral es su portada principal, un marco esculpido con todo lujo de detalles: figuras bíblicas, escenas en relieve, columnas apoyadas en leones y una profusión de motivos decorativos que la convierten en una de las portadas más bellas de Dalmacia. El interior alberga la capilla de San Juan de Trogir, especialmente delicada, y subir al campanario permite disfrutar de vistas 360 sobre la ciudad, el canal y las islas cercanas.
Al otro lado de la catedral se abre la Plaza de Juan Pablo II, el corazón cívico de Trogir. Aquí se concentraban los poderes de la ciudad: el Palacio Ducal, hoy Ayuntamiento, y la Logia Municipal donde se anunciaban leyes, se firmaban contratos y se impartía justicia. Es un espacio perfecto para sentarse en una terraza y observar la vida diaria entre edificios de piedra cargados de historia.
En la plaza también llama la atención la pequeña Iglesia de San Salvador con su torre del reloj. Fue construida como acción de gracias por haber escapado de una epidemia de peste y luce en la fachada una imagen de San Sebastián y, sobre él, otra de Cristo. La torre, decorada con esculturas, se ha convertido en otro de los iconos fotográficos de Trogir.
Desde el casco amurallado se accede fácilmente al paseo marítimo, que bordea la isla frente al canal. Saliendo por la puerta sur desde la Plaza de Juan Pablo II se llega a una avenida jalonada de palmeras, terrazas y amarres para yates y barcos de recreo. Es una zona algo más cara para comer o tomar algo, pero el ambiente y las vistas merecen la pena.
A mitad del paseo se encuentra la Iglesia de Santo Domingo, ahora reconstruida tras los destrozos de la Segunda Guerra Mundial. Formó parte de un monasterio dominico y, según las guías, conserva un claustro y un altar mayor interesantes, aunque es habitual encontrarla cerrada durante las celebraciones religiosas.

Al final del paseo marítimo se alza el Castillo de Camarlengo, una fortaleza del siglo XV construida por los venecianos para defender la ciudad por mar y para proteger al camarlengo, administrador de las riquezas de la iglesia. Hoy sirve sobre todo como escenario de conciertos y eventos, pero también se puede subir a sus torres y murallas para contemplar otra perspectiva del casco antiguo y del canal.
Frente al castillo se conserva la Torre de San Marcos, otra pieza del sistema defensivo, estratégicamente situada para controlar el paso de barcos y vigilar el entorno. En conjunto, murallas, torres y castillo convierten Trogir en uno de los mejores ejemplos de ciudad-fortaleza medieval de la costa croata.
Al final, Zadar y sus alrededores ofrecen una combinación muy equilibrada de historia, mar, pueblos con encanto y escapadas a la naturaleza. Desde el atardecer en el Órgano del Mar hasta las callejuelas empedradas de Trogir, pasando por la catedral de Sibenik o los viñedos de Rak Winery, es una zona que se presta a ser explorada sin prisas, enlazando cascos antiguos, playas de guijarros, islas tranquilas y rutas rurales donde Croacia se muestra en estado puro.
