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La amplia gastronomía de Ávila hace que el turista pueda disfrutar de platos tan sabrosos como por ejemplo la Sopa Castellana, que es una sopa con todo el sabor a tradición de Ávila. Otros platos como el Jabalí guisado y el Cochinillo asado, conforman dos estupendos platos de carne, dentro de la gastronomía de Ávila, en la que no pueden faltar los Chuletones de Ávila, cuyo sabor no es comparable con el de otra carne que puedas consumir en otra parte de España. Las mollejas de  lechazo suele tener también bastante buena acogida  por parte de los turistas, porque es un plato con mucho sabor. Si quieres probar los postres más tradicionales de Ávila, entonces no debes dejar de probar las Torrijas, los clásicos Huesos de Santo y por supuesto, el postre de entre los postres, como son las Yemas de Ávila, un postre muy conocido en toda España y que es ciertamente recomendable. Los turistas se suelen quedar encantados con estos platos tan sabrosos.

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Muchas son las leyendas que alberga la ciudad de Ávila. Una de las más fascinantes, tiene como lugar la Basílica de San Vicente, dedicada a los mártires Vicente y sus hermanas Sabina y Cristeta. Se dice que llegaron hasta Ávila huyendo del gobernador romano de Hispania. Cuando fueron apresados, se les intentó obligar a que renunciaran a su fe, pero ellos se negaron, siendo posteriormente martirizados. Se dice que un judío, mientras contemplaba el suplicio de los hermanos, se burlaba de ellos. De pronto, una gran serpiente salió de la tierra y le atacó. Presa del pánico se lamentó de lo ocurrido, jurando convertirse al cristianismo y edificar un sepulcro para los mártires. Tanto la vida como la leyenda de la serpiente está contada en imágenes en los relieves del sepulcro. Tiempo después, en octubre de 1155, San Pedro del Barco falleció. Eran muchos los pueblos y ciudades que querían quedarse con el cuerpo. Como nadie se decidía sobre en qué lugar se daría finalmente sepultura al Santo, se optó por lo siguiente, montarían el cuerpo sobre una mula y dejarían que fuese esta quien decidiese en qué lugar sería enterrado. Tras unos días, la mula llegó a la Basílica de San Vicente. Allí se quedó parada, y tras dar un fuerte golpe con una pata en una piedra, en la que dejó marcada para siempre su herradura, la mula falleció, por lo que San Pedro del Barco fue enterrado allí mismo. Según vaya pasando el tiempo, iremos conociendo más de estas fascinantes historias que pueblan nuestra ciudad. Conocerlas y realizar lo que llamamos “La ruta de las leyendas”, es una manera diferente y muy amena de pasear por Ávila, disfrutando de sus calles, su paisaje y sus monumentos, y contemplando todos los rincones mágicos que nos ofrece.