Si ya has tachado de la lista los grandes iconos de Washington D.C. y el estado de Washington, quizá te apetezca ir un poco más allá y descubrir esos pueblos y pequeñas ciudades que suelen pasar desapercibidos. Alrededor de la capital federal y repartidos por todo el estado de Washington hay rincones con mucho encanto, perfectos para hacer escapadas de uno o dos días, combinar naturaleza y cultura o simplemente cambiar de aires.
En este artículo vamos a recorrer pueblos con personalidad propia, localidades históricas y pequeñas joyas que se reparten tanto en el entorno de Washington D.C. (Virginia y Maryland) como en el estado de Washington, en la costa del Pacífico.
Old Town Alexandria: el origen colonial a orillas del Potomac

Muy pegada a la capital, Old Town Alexandria es el casco antiguo que se fue formando junto al río Potomac y que hoy conserva un ambiente de época muy particular. Sus calles empedradas, las fachadas de ladrillo y madera y los edificios históricos te llevan directamente al siglo XVIII con sólo doblar una esquina.
El corazón del barrio es su puerto histórico y el mercado agrícola, que sigue celebrándose cada sábado desde hace más de 260 años. Es un planazo acercarse a primera hora, tomar un café en alguno de los locales de la zona y pasear entre los puestos mientras la ciudad se despierta.
Alexandria es una de esas excursiones que combinan historia, compras y gastronomía: boutiques pequeñas, restaurantes de cocina americana actualizada y un paseo junto al río que, al atardecer, tiene un ambiente muy relajado. Es el tipo de sitio al que puedes ir y venir en el día desde Washington D.C. sin sensación de paliza.
Mount Vernon: la plantación de George Washington

A unos 30 minutos en coche desde el centro de la capital, la plantación de Mount Vernon fue el hogar de George Washington, el primer presidente del país. Hoy se visita como un gran complejo histórico donde se explica con bastante detalle cómo funcionaba una plantación del siglo XVIII, con su economía basada en el trabajo esclavo, sus cultivos, dependencias y vida cotidiana.
La finca está situada sobre una colina con vistas al río Potomac, y no sólo se puede recorrer la casa principal, sino también las construcciones auxiliares, jardines, campos y zonas donde vivían los esclavos. Es una excursión que obliga a mirar de frente la historia del país, con sus luces y sus sombras, y que ayuda a entender mejor el contexto de la figura de Washington.

Dedicarle un día entero tiene sentido: hay exposiciones, reconstrucciones, actividades educativas y amplios espacios al aire libre, por lo que es un plan muy completo para combinar cultura, paisaje y reflexión histórica. Además, al estar tan cerca de la ciudad, encaja fácilmente en un itinerario corto por Washington D.C. y alrededores.
Georgetown: barrio universitario con alma de pueblo

Aunque forma parte de Washington D.C., el barrio de Georgetown tiene ambiente de pequeña ciudad independiente. Sus calles estrechas con casas de ladrillo, cafés acogedores y vida universitaria lo convierten en una parada imprescindible para cualquiera que quiera saborear otra cara de la capital.
En N Street, en la llamada Thomas Bell House, vivió Jackie Kennedy tras abandonar la Casa Blanca después del asesinato de John F. Kennedy, y muchas de las mansiones que verás por la zona pertenecen a antiguos políticos, diplomáticos y personajes conocidos. Es un barrio perfecto para pasear sin prisa, entrar en librerías, tomar algo en una terraza o simplemente curiosear.
No falta el guiño cinéfilo: las famosas escaleras de “El Exorcista” se encuentran aquí, y son uno de esos puntos en los que casi todo el mundo se hace la foto de rigor. A pocas manzanas está también la Old Stone House, de 1765, una de las pocas viviendas que se conservan de la época prerrevolucionaria dentro de la propia ciudad.
Lewisburg y la ruta panorámica hasta Richmond

Si te apetece hacer un viaje algo más largo desde el área de Washington D.C., la ciudad de Lewisburg, en Virginia Occidental, puede ser un buen punto de partida. A pesar de tener apenas unos 3.800 habitantes, alberga una de las cuatro salas Carnegie Hall que siguen activas en el mundo, lo que la convierte en un foco cultural muy interesante.
El pequeño centro urbano está lleno de tiendas peculiares donde comprar recuerdos diferentes, como Harmony Ridge Gallery o Brick House Antiques. Para comer, hay opciones muy centradas en producto local como Stardust Café, o restaurantes más clásicos de cocina americana como Food & Friends, donde probar hamburguesas, platos de carne y otros básicos reconfortantes.
La parte histórica se descubre en lugares como el cementerio confederado de 1862, el North House Museum, que data de alrededor de 1820, o la Old Stone Presbyterian Church, construida en 1796 y todavía en uso. Pasear por estas calles es asomarse a varios siglos de historia condensados en unas pocas manzanas.
Desde Lewisburg puedes tomar la Route 250 hacia Richmond, una carretera panorámica que va enlazando pueblos pequeños y paisajes rurales muy tranquilos hasta llegar a la capital del estado de Virginia. Es una de esas rutas para hacer sin prisas, parando donde apetezca y disfrutando del trayecto tanto como del destino.
Richmond: capital estatal y gran escapada urbana

Richmond, capital de Virginia, es hoy una ciudad muy dinámica donde se mezclan historia, cultura alternativa, arte callejero y gastronomía. Es una visita estupenda para un par de días si estás viajando en coche por la región y quieres algo más que pueblos tranquilos.
La ciudad jugó un papel clave en la Guerra de Secesión estadounidense, algo que se refleja en sitios como el American Civil War Museum o el propio Capitolio estatal de Virginia. La St. John’s Episcopal Church, de 1741, es otro de los puntos que ayudan a entender el papel de la ciudad en la historia del país.
Para quienes buscan algo más movido, el río James ofrece una experiencia bastante curiosa: rápidos de nivel III y IV que pasan prácticamente por el centro de la ciudad. Es posible contratar salidas de rafting para ver Richmond desde otra perspectiva o, si prefieres algo más tranquilo, alquilar una bici y hacer un pícnic en la isla de Belle Isle, tumbado sobre las rocas junto al agua.
A la hora de callejear, barrios como Carytown concentran tiendas independientes, locales de moda y una vida nocturna muy animada, hasta el punto de que se conoce la zona como la “milla del estilo”. El Fan District, con su característica forma de abanico, despliega calles con casas de fachada continua, restaurantes en esquinas y un ambiente muy agradable para pasear.
El Arts District es el rincón más creativo de Richmond: galerías de arte, tiendas de discos, pequeños teatros, boutiques de ropa, azoteas con cócteles y restaurantes que apuestan por productos locales, hummus casero, tablas de charcutería artesana y propuestas muy actuales. Es un lugar perfecto para pasar la tarde y quedarse a cenar, antes de dormir en la ciudad y regresar al área de Washington Dulles al día siguiente.

Otros destinos que seguro vas a conocer por aquí son Washington DC, con la Casa Blanca y el Capitolio, y los Museos Smithsonianos. También está el Cementerio Nacional de Arlington y el reguero de pequeñas ciudades y pueblos, tanto de montaña sobre costeras. Por ejemplo, Sequim, Elba, Poulsbo, Port Townsend, Gig Harbor o Leavenworth, entre las montañas y con aires bávaros.
Tanto en la costa atlántica, alrededor de Washington D.C., como en el estado de Washington, hay una cantidad sorprendente de pueblos, pequeñas ciudades y rincones históricos capaces de complementar cualquier viaje urbano. De rutas panorámicas entre Lewisburg y Richmond a escapadas a Old Town Alexandria o Mount Vernon, pasando por Sequim, Leavenworth o La Conner, el mapa se llena de paradas que combinan historia, paisajes y vida local.
Reservar uno o varios días para estos lugares es una manera estupenda de darle profundidad al viaje y llevarte recuerdos menos obvios que los clásicos monumentos de la capital.