Viajar a Montpellier es una excusa perfecta para hacer una escapada por el sur de Francia y descubrir pueblos preciosos, ciudades históricas y paisajes muy diferentes a poca distancia. Si te apetece combinar una urbe joven y dinámica con rincones medievales, vestigios romanos y naturaleza a lo grande, esta zona de Occitania y la vecina Provenza lo tiene todo.
En este artículo te propongo una ruta muy completa para conocer los 3 pueblos bonitos cerca de Montpellier que no te puedes perder. Todo ello con información práctica de distancias, transporte y muchos detalles para que puedas exprimir tu viaje al máximo.
Montpellier y sus alrededores: una base perfecta para explorar

La ciudad de Montpellier se encuentra en el sur de Francia, en la región de Occitania y dentro del departamento de Hérault, muy cerca del mar Mediterráneo y rodeada de paisajes muy variados: viñedos, lagunas, ríos, calas, acantilados y hasta relieves montañosos como el Pic Saint-Loup y otras rutas montañosas en pueblos bonitos cerca de Grenoble.
La localidad está atravesada por los ríos Lez y Mosson, dos ejes naturales que ayudan a entender su particular urbanismo y su apuesta por los espacios abiertos. Además, se sitúa a medio camino de zonas tan emblemáticas como la Camarga, las gargantas del Hérault, la costa de Languedoc y la Provenza, lo que la convierte en un punto de partida ideal para hacer excursiones de un día.
Montpellier es también una ciudad muy agradable para pasear, con un centro histórico peatonal lleno de plazas animadas, callejuelas medievales y edificios monumentales. A ese casco antiguo se suma un barrio contemporáneo vanguardista, Antigone, que muestra la cara más moderna e innovadora de la urbe.

Otro de los puntos fuertes es que la ciudad está muy bien comunicada por tren, tranvía y autobús con muchos municipios de los alrededores, lo que facilita que puedas moverte sin necesidad de coche, especialmente hacia la costa o destinos como Sète, Nîmes, Béziers o Aigues-Mortes.
La región que rodea Montpellier es un pequeño universo en sí misma: aquí podrás pisar pueblos medievales encaramados en la roca, villas portuarias atravesadas por canales, restos romanos espectaculares, salinas rosas, cuevas impresionantes y castillos que parecen sacados de una novela de fantasía.
Aigues-Mortes: murallas medievales y salinas rosas
A unos 30 kilómetros de Montpellier, cerca del Mediterráneo y en plena Camarga, se encuentra Aigues-Mortes, un precioso pueblo amurallado de trazado medieval que parece sacado de un libro de caballerías. Llegar es muy sencillo tanto en coche como en tren regional (en torno a 35 minutos).
Su gran protagonista son las murallas perfectamente conservadas que rodean todo el casco antiguo. Se pueden recorrer a pie por lo alto, disfrutando de vistas increíbles sobre las casas, las marismas y, en la distancia, las montañas de sal que han dado fama a la zona.
Dentro de la ciudad intramuros encontrarás calles rectilíneas, plazas acogedoras y una atmósfera relajada pero muy turística. Es un sitio ideal para dar un paseo al atardecer, cenar en alguna terraza y aprovechar si te alojas en Montpellier para pasar aquí una tarde o noche diferente.
No te olvides de acercarte a la Torre de Constanza, uno de los símbolos de Aigues-Mortes, ni de reservar algo de tiempo para las famosas salinas. Allí podrás ver esas enormes montañas de salv blancas y rosadas que dan un paisaje casi irreal.
Saint-Guilhem-le-Désert: un pueblo del Camino de Santiago entre montañas

A unos 35 kilómetros al oeste de Montpellier, en un entorno más montañoso y verde, se esconde Saint-Guilhem-le-Désert, uno de los pueblos medievales más bonitos de Francia. Forma parte de la ruta jacobea conocida como vía Tolosana, que va desde Arlés hasta Roncesvalles, pasando por Toulouse.
El corazón del pueblo es la Abadía de Gellone, fundada en el año 804 por Guillermo I de Tolosa, declarada Patrimonio de la Humanidad dentro del conjunto de caminos de Santiago en Francia. Sus muros, su claustro y la plaza que la rodea crean un ambiente de recogimiento muy especial.
Más allá de la abadía, lo mejor que puedes hacer es recorrer sin prisas sus callejuelas empedradas, plazas diminutas y casas de piedra. El pueblo está encajado entre paredes rocosas, así que la combinación de arquitectura y naturaleza es de las que se quedan grabadas.

Muy cerca de Saint-Guilhem-le-Désert se encuentra la gruta de Clamouse, una cueva espectacular llena de estalactitas y estalagmitas formadas a lo largo de siglos. La visita suele hacerse mediante una ruta guiada (normalmente en francés o inglés) de aproximadamente una hora, con pasarelas iluminadas donde se aprecian las distintas formaciones.
En la misma zona, la carretera atraviesa el famoso Pont du Diable, un puente medieval del siglo XI sobre el río Hérault declarado Monumento Nacional. Además de ser un icono de la región, el entorno es perfecto para caminar junto al río o darse un baño en verano.
Les Baux-de-Provence: fortaleza en lo alto de la roca
Ya en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul, pero a una distancia asumible desde Montpellier si vas en coche, se encuentra Les Baux-de-Provence, un diminuto pueblo colgado en lo alto de una colina coronada por las ruinas de un antiguo castillo. Cuenta con apenas unos cientos de habitantes, pero recibe más de un millón de visitantes al año.
El encanto del lugar reside en su trazado medieval de callejones empedrados, casas en piedra clara y balcones con flores, todo ello enmarcado por un paisaje de olivos, viñas y colinas típicas de la Provenza. Desde la parte alta del recinto fortificado hay unas vistas espectaculares de toda la región.
Es cierto que se ha convertido en un pueblo muy turístico, lleno de tiendas de productos locales como jabón de Marsella, vino, quesos, aceite o cualquier elaboración con lavanda, así que lo normal es que acabes picando y llevándote algún recuerdo en la maleta.

Les Baux forma parte de ese puñado de pueblos catalogados como “Les plus beaux villages de France”, una asociación que reúne a las localidades más pintorescas del país. Si te apetece completar la jornada, la Provenza cercana ofrece otras joyas como Moustiers-Sainte-Marie, Tourtour, Bargème o Gassin, ya algo más alejados de Montpellier pero perfectos para un viaje más largo por la zona.
Cómo moverse por Montpellier y organizar las excursiones

Una de las claves para disfrutar realmente de la zona es que Montpellier apuesta con fuerza por la movilidad sostenible. El acceso al centro está bastante limitado para los vehículos privados, por lo que lo más cómodo es moverse en transporte público o en bicicleta.
El tranvía es la columna vertebral del transporte urbano, con cuatro líneas que conectan el centro con los barrios exteriores y municipios cercanos. Cada línea tiene un diseño propio y colores muy llamativos, obra de diseñadores como Christian Lacroix, y recorre puntos clave de la ciudad y sus alrededores.
Si te alojas en las afueras o en algún pueblo comunicado por tranvía, puedes utilizar los aparcamientos disuasorios junto a las paradas del TaM, el operador local. Existen bonos familiares que incluyen el parking y varios billetes de transporte para todo el día por un precio bastante ajustado.
La ciudad también promueve el uso de bicicletas tanto para moverse por el casco urbano como para hacer rutas hacia la costa o entre viñedos. En la Oficina de Turismo y en la web oficial encontrarás información actualizada sobre alquiler y recorridos recomendados.

Para las excursiones algo más lejanas, el tren resulta muy práctico: desde la estación de Montpellier Saint-Roch parten servicios directos hacia Sète, Béziers, Nîmes, Aigues-Mortes y otras localidades. En el caso de destinos como Pont du Gard, bastará con combinar el tren con un autobús regional.
Entre coche, tren, tranvía y bicicleta podrás organizar sin problema una ruta que combine Montpellier con pueblos bonitos, ciudades históricas y grandes espacios naturales. Desde la Camarga hasta el lago de Thau, pasando por Carcasona o el Canal du Midi, las opciones para alargar el viaje son enormes, tanto si viajas solo como en pareja o en familia.
La suma de una ciudad vibrante como Montpellier con pueblos medievales, ciudades romanas, paisajes de mar y montaña y una gastronomía marcada por el vino, el queso y los productos del Mediterráneo convierte esta parte del sur de Francia en un destino al que siempre apetece volver.

Organizar un viaje con base aquí te permite explorar a tu ritmo lugares como Aigues-Mortes, Saint-Guilhem-le-Désert, Les Baux-de-Provence, Sète, Béziers, Arlés, Nîmes o el Pont du Gard, encadenando días de cultura, naturaleza y buena vida como si fuera lo más normal del mundo.


