Grecia y sus árboles sagrados

Apollo y Dafne

Se puede decir que un árbol es sagrado cuando tiene un significado especial de carácter religioso para un lugar. Algunas comunidades tienen como sagradas una especie, otras comunidades tienen a otra especie.

Hay árboles sagrados como el Roble de Thor (germánico), o el manzano en la antigua Grecia.
Al adorar a un árbol se comienza a crear mitos y leyendas sobre sus características. Actualmente quedan muy pocos árboles que se los considere sagrados y que su tala esté prohibida.
En Grecia el álamo estaba relacionado con los muertos, Heracles cuando bajó al Averno llevaba una corona hecha con hojas de ese árbol. En la Odisea es símbolo de la resurrección. En cambio el álamo negro estaba dedicado a la diosa de la muerte, a Hécate (diosa nacionalizada en la Grecia micénica, relacionada con la hechicería y “Reina de los Fantasmas”).
El ciprés fue sagrado desde la antigüedad, en Grecia fue el árbol de la muerte y posteriormente fue dedicado a Saturno, después a Plutón.
La náyade Thyia  (una de las náyades de un manantial del monte Parnaso) era la madre de los cipreses. Las puertas de los templos griegos y romanos las realizaban de madera de ciprés, como las puertas de San Pedro en el Vaticano.
La encina era un árbol sagrado en todo el Mediterráneo, se dice que Zeus se sentaba a meditar debajo de una de ellas.
El fresno era venerado como símbolo de la justicia divina.


Dafne fue convertida en laurel para escapar de Apolo y cuando éste supo lo declaró árbol sagrado.
El manzano estaba consagrado a Afrodita.
El mirto (perfume) y la rosa estaban asociados a Afrodita.
Y el olivo acompañó a Atenas y a sus manifestaciones desde sus orígenes.

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