Hécate, diosa y reina de las hechiceras

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Los orígenes de los dioses griegos muchas veces no son griegos al 100%. Es el caso de la diosa Hécate, cuyas raíces se remontan a la tribu de los carios, en Asia Menor. Sin embargo, hasta nuestros días Hécate llega como una diosa de la antigua Grecia.

Es gracias al himno homérico a Deméter y a su aparición en la Teogonía de Hesíodo que se vuelve una diosa de gran presencia que logra tener muchos seguidores, especialmente en Tracia. Su templo más importante estuvo en Lagina, una de las ciudades-estado teocráticas que estaba cerca de Estratonicea, colonia macedonia. La diosa Hécate tenía como servidores a eunucos. Otro de sus santuarios estaba dentro del templo de Artemisa, en Éfeso, donde también había eunucos.

Hesíodo relata un poco la vida de Hécate: era la hija de Asteria, diosa de las estrellas y hermana de Leto, madre a su vez de Apolo y Artemisa. Por lo tanto, Hécate era prima de estos otros dioses y la abuela de los primos no era otra que Febe, una titán que representaba la Luna. La relación entre Hécate y su abuela estableció que también fuera una diosa lunar. Cuenta la historia que en la medida en que el culto a Hécate fue extendiéndose por Grecia hubo problemas ya que su papel estaba ya cubierto por otros dioses de la mitología griega, Némenis o Artemisa, especialmente.

Finalmente el rol de Hécate evoluciona y termina por parecerse más a una hechicera que a una diosa. Se la describe como una mujer de pelo oscuro, hermosa, con poderes mágicos, que no siente miedo. Actualmente es una de las diosas que suelen tomar quienes practican religiones neo paganas.

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