Isla de Sal, en Cabo Verde: la cultura del No Stress

Foto de Alberto Piernas.

La isla de Sal, en Cabo Verde, abandona su condición de paraíso erosionado con vistas a convertirse en uno de los gigantes turísticos del mañana. Un cambio cimentado por una acelerada remodelación, unas magníficas playas turquesas, y la filosofía de unos locales que permiten que la vida, ante todo, fluya libre de tensiones al compás de sus ritmos isleños.

Cabo Verde: paraíso isleño

@elescritorioviajero

“No stress”son las dos palabras que más escucharemos a lo largo y ancho de Sal, la isla más oriental del archipiélago atlántico de Cabo Verde y situada a 600 kilómetros de la costa de Senegal. A nuestra llegada, páramos ocres y salinas redundantes (como las de Pedra de Lume, principal motor industrial de la isla en el siglo XIX) se despliegan sobre esta alargada isla incluyendo atracciones como el Olho Azul, un agujero en la tierra volcánica que hace el amor con el océano, o la olvidada capital de Espargos. Finalmente, el paisaje lunar explota en el principal foco turístico de la isla: la ciudad de Santa María, en el extremo sur de la misma.

Fotografía de Alberto Piernas.

Al alcanzar esta localidad de poco más de 25 mil habitantes nos encontramos con dos caras totalmente diferentes y, a la vez, tan perfectamente fusionadas. La Santa María criolla, la local, se compone de calles sin asfaltar, casas de colores pastel que recuerdan a una singular Cuba africana, o la cotidianidad de unos locales que imprimen personalidad a este particular collage exótico. Desde un tejado, el ritmo de acordeón del funanás se cuela entre las terrazas vecinales, en la calle los niños juegan a fútbol descalzos y en la terraza de un bar (el recomendable Bar Di Nos cercano al Mercado Municipal, por ejemplo), una propietaria decidida sirve brochetas de pescado y galinhacon patata dulce compitiendo con esa otra cara de la ciudad que, poco a poco, parece abrazar al resto.
La Santa María de 2017 despliega un plantel de resorts, bares, discotecas y tiendas que invita al turista poco aventurero a admirar el conjunto desde una posición privilegiada, especialmente en unos tiempos en los que este archipiélago, junto con Canarias, recibe a todos aquellos viajeros que comienzan a rechazar un Magreb convulso como destino vacacional. Turistas que, no obstante, no pueden resistirse al huracán de sensaciones que supone una isla de Sal en la que la cultura criolla incita a adoptar una particular filosofía del relax que puede apreciarse, entre otros lugares, a lo largo en ese paseo marítimo en construcción que nos conduce hasta la magnífica playa de Santa María.
Kilómetros de arena blanca y aguas transparentes franquean una costa sur cuyo horizonte queda moteado por los colores de sus barcas de pescadores y las cometas del kite surf, ya que esta playa es uno de los mejores lugares para practicar deportes acuáticos. Desde la orilla, un local corre entusiasta con un cubo de peixefresco para ofrecerlo a los restaurantes, y las vendedoras pintan cuadros de tortugas (el animal insignia del archipiélago) mientras el tiempo transcurre y el simple hecho de ser espectador de este nuevo paraíso se convierte en el mejor de los regalos.

Una percepción que invade la terraza en la que me hallo y a la que, mientras escribo estas últimas líneas, un vendedor de bubusy pulseras se aproxima, intentando hacer negocio. Yo le respondo que No, seguido de un “Obrigado” que nunca estoy seguro de pronunciar correctamente. Y él, con la mejor de las sonrisas, me responde Don’t worry. . . No stress, el lema que siempre flota en la atmósfera de una isla de Cabo Verde (o más bien Aguamarino) de la que se hablará aún más en un futuro no tan lejano.

Fotografía de Alberto Piernas

En definitiva, si estáis pensando en un destino ideal para visitar en el continente africano, que sea tranquilo, tenga playas de ensueño y el ambiente de fusión un aporte no lo dudéis, Cabo Verde es el lugar. Algunos aportes, casi todos ellos a la hora de estar a Santa María:

 

  • Si buscáis alojamiento en Santa María, el hostal Dourada está muy bien, en el barrio más “pobre” eso sí, pero muy amplio y bien de precio. Incluye también cocina interior, camas grandes y en un entorno que, a pesar de su carácter más humilde, te encontrarás con gentes amables y hospitalarias.
  • Para comer, el mencionado Bar Di Nos es genial, está entre la zona turística y la local, lo llevan vecinos de allí y un plato combinado te gusta 5 euros con arroz, patata, carne o pescado y ensalada. También os recomiendo la Creperia Dolce, situada junto al Pontao de la playa de Santa María, donde sirve crepes rellenos y pescado del día por no más de 8 euros.
  • Se puede pagar con escudo y euros, todo mezclado, allí no le hacen ascos.
  • El wifi en Santa María lo suman como suplemento si estás mucho tiempo en el local, la única solución para conseguir conexión si no estás en un resort o un hotel de mínimo 3 estrellas.
  • Para tomar unas copitas el mejor lugar es el Reggae Rooftop Bar, el ambiente es genial. Si queréis algo más barato, en el Chill Out o el Kalema hay copas por menos de 3 euros.

 

Nosotros lo pasamos genial.

¡Ah! Y que no se me olvide añadirlo a la lista de lugares más coloridos del mundo.
Abrazos,

 

A.

 

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