La costurera de Gijón y los misteriosos cojines

Rodrigo Rato
La corrupción es el mal que está recorriendo España de norte a sur y de este a oeste. Ningún lugar de la geografía española parece poder escapar a los casos de corrupción. Ni siquiera Gijón…

La bella ciudad asturiana se encuentra en el punto de mira mediático por un asunto bien rocambolesco que relaciona a una costurera de Gijón y a Rodrigo Rato a través de unos misteriosos y feos cojines.

Esta historia comenzó el 23 de agosto de 2014 cuando el ex-ministro Rodrigo Rato entró en la pequeña tienda de costura que Patricia Vázquez tiene en la calle Emilio Tuya de Gijón, llamada PV Entre Costuras, para pedir el presupuesto por el arreglo de dos grandes cojines descosidos por un lateral. Patricia le pidió 20 euros y, aunque a Rato le pareció caro, le confirmó que se los llevaría más tarde.

Como en agosto hay poco movimiento, Patricia se ausentó de la tienda 15 minutos para hacer un recado. A la vuelta, se encontró con los dos enormes cojines en la puerta, de un metro de alto por medio de largo.

Hizo el arreglo a mano y los guardó esperando a que el dueño regresara a por ellos. Pasaron las semanas y los meses, hasta que finalmente el 23 de diciembre decidió donarlos a Cáritas en vistas de que parecían abandonados y ocupaban mucho sitio en su pequeño establecimiento.

Cuál no sería la sorpresa al ver que el 29 de diciembre aparece Rodrigo Rato por los cojines. Patricia le contó lo ocurrido y le ofreció la posibilidad de recuperar el dinero gracias al seguro, pero Rato, enfadado ante lo ocurrido, solo quería recuperar los cojines que al parecer eran de gran valor cuya recuperación era imprescindible.

Esa misma tarde, llamó varias veces insistiendo para que Patricia recuperara los cojines y amenazó con emprender acciones legales sino conseguía recuperarlos.

El misterio de los cojines sigue ahí, al parecer aún siguen desaparecidos . Lo que a Patricia le sorprendió es que estuviesen descosidos por la misma costura. Además, ‘eran muy grandes y pesados, a pesar de que estaban rellenos de espuma. Eran alfombras turcas cosidas y rellenas, horrorosas y muy sucias. Los metí en bolsas de plástico porque pensé que podían tener bichos

Una historia que bien podría ser el inicio de una apasionante novela de espías.

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