Lugares secretos de Europa

  • Europa esconde numerosos pueblos, islas y valles poco masificados donde aún se conserva una autenticidad difícil de encontrar en las grandes capitales.
  • Destinos como Bosa, Nesso, Corvo, Albarracín o Rupit destacan en rankings de viajeros por su mezcla de paisaje, patrimonio histórico y buena gastronomía local.
  • Regiones completas como el valle del Duero, la Drôme Provençale, Frisia o la Eslovenia central permiten viajes lentos, combinando naturaleza, cultura y enoturismo.
  • Pequeños estados, villas medievales y enclaves remotos como San Marino, Ribeira Sacra, Cutigliano o Vik completan un mapa ideal para viajeros que buscan calma y encanto.

Lugares secretos de Europa,Tenby

Cuando pensamos en viajar por Europa, casi siempre nos vienen a la cabeza las mismas ciudades de siempre: París, Roma, Londres o Praga, y monumentos cercanos como los secretos del Palacio de Versalles.

En los últimos años, distintas organizaciones, revistas de viajes y guías especializadas han querido sacar a la luz esos destinos más discretos. Gracias a listados como los de European Best Destinations, medios como Condé Nast Traveler y propuestas de touroperadores y compañías de alquiler de coches, hoy tenemos un mapa bastante completo de auténticas “joyas ocultas” repartidas por todo el continente.

Bosa, el arcoíris de Cerdeña

Pueblo costero colorido en Europa

En la costa occidental de Cerdeña, a un par de terceras partes del litoral, se encuentra Bosa, un pueblo escalonado sobre una colina con casas de colores vivos que se reflejan en el río Temo. A unos tres kilómetros tierra adentro, su casco antiguo se extiende por la ladera coronada por el castillo de Malaspina, una fortaleza medieval que domina el paisaje.

El centro histórico es un laberinto de callejuelas estrechas donde balcones, fachadas pintadas y pequeñas plazas se alternan con iglesias y miradores. Pasear sin prisa, subir hasta el castillo y después acercarse a la cercana playa de Bosa Marina es la mejor manera de entender por qué tantos viajeros lo han votado como su gran descubrimiento en Europa.

La gastronomía local también tiene mucho que decir: en las trattorias se pueden probar especialidades sardas como el porceddu (cochinillo asado) o las seadas, unos dulces rellenos de queso y regados con miel. Para acompañar, nada como una copa de Malvasia di Bosa, el vino más emblemático de la zona, perfecto para rematar una comida larga frente al río o frente al mar.

Para llegar, lo más práctico es volar al aeropuerto de Alghero-Fertilia, en el norte de Cerdeña. Desde allí, un trayecto de algo menos de una hora por las carreteras SP49 y SP105 lleva hasta Bosa, enlazando curvas con vistas al mar que ya son, de por sí, parte del viaje.

Nesso, el pueblo partido por una cascada en el lago de Como

Lago y pueblo secreto de Europa

A orillas del brazo occidental del lago de Como se esconde Nesso, un pueblo minúsculo y muy auténtico que, visto desde el agua, parece colgar sobre una garganta rocosa. Esa brecha natural se conoce como el Orrido di Nesso y la protagoniza una cascada que literalmente parte el pueblo en dos antes de caer al lago.

Las calles son cuestas empedradas, escaleras que serpentean entre casas de piedra y pequeñas plazas donde la vida discurre con calma. Uno de sus rincones más fotografiados es el Ponte della Civera, un antiguo puente de origen romano que se arquea sobre el torrente y regala unas vistas de postal del pueblo, la cascada y el lago.

La cocina en esta zona del norte de Italia tiene como protagonistas los productos del propio lago. En las trattorias de Nesso y alrededores se pueden degustar platos tradicionales como los missoltini (pescado secado al sol) o un cremoso risotto al pesce persico, elaborado con perca local, perfecto si se acompaña de un vino blanco de la región.

Para plantarse allí, lo habitual es volar al aeropuerto de Milán Malpensa y desde la ciudad poner rumbo al norte. En torno a 75 kilómetros por la autopista A9 y la carretera SP583 separan Milán de Nesso, en algo más de hora y media de coche, combinando tramos de autopista con la carretera panorámica que bordea el lago.

Isla de Corvo, la Azores más salvaje

Isla volcánica secreta en Europa

En medio del Atlántico Norte, las Azores forman un archipiélago de nueve islas principales y varios islotes donde los paisajes volcánicos, los prados verdes y las hortensias azules crean una combinación única. Entre todas ellas, Corvo destaca por ser la más pequeña y, probablemente, la más aislada y tranquila.

La gran protagonista de la isla es el Caldeirão, un enorme cráter volcánico que ocupa buena parte de su superficie y en cuyo interior se encadenan lagunas y pequeñas elevaciones cubiertas de vegetación. Subir hasta el borde del cráter y recorrer su perímetro, cuando el tiempo lo permite, es una experiencia casi hipnótica para los amantes del senderismo y de los paisajes poco comunes.

El único núcleo habitado es Vila do Corvo, un pueblo diminuto de casas bajas, calles estrechas y ritmo lento, donde todavía se siente la vida tradicional azoriana: barcas de pesca, vecinos charlando en la puerta y un ambiente de comunidad muy marcado. No hay grandes hoteles ni complejos turísticos, lo que ayuda a mantener esa sensación de lugar intacto.

La mesa local gira en torno al mar y a las recetas de siempre. Es casi obligatorio probar un buen caldo de peixe, una sopa de pescado contundente, y los biscoitos de orelha, unas galletas caseras que acompañan de maravilla el café de media tarde. Todo ello sin prisas, que aquí el reloj parece ir a otro ritmo.

Para llegar hace falta encadenar al menos dos vuelos. Primero se vuela al aeropuerto João Paulo II, en Ponta Delgada, en la isla de São Miguel, y desde allí se toma un avión regional hacia el pequeño aeropuerto de Corvo. Una vez allí, las distancias son tan cortas que se puede ir prácticamente a todas partes a pie o utilizando los pocos transportes locales.

Albarracín, una joya rosa en Teruel

Albarracín

En el interior de Aragón, sobre un meandro del río Guadalaviar, se alza Albarracín, considerado por muchos uno de los pueblos más bonitos de España. Sus casas de tonos rojizos, las murallas recortándose sobre la loma contigua y el casco histórico encaramado en la roca crean una estampa que parece de otra época.

Las antiguas murallas protegen un entramado de calles estrechas y retorcidas donde la Catedral del Salvador del siglo XVI destaca entre edificios de madera y piedra. El campanario se asienta sobre los restos de un templo románico anterior, y desde su entorno parten callejones que llevan a miradores, plazas mínimas y rincones que aún conservan el aire medieval.

Justo por encima del casco histórico se levantan las ruinas del alcázar de origen árabe, encaramado en un promontorio con vistas espectaculares sobre el pueblo y el valle. Subir hasta allí es un pequeño esfuerzo que se ve recompensado con panorámicas de 360 grados.

La cocina de la zona tira de producto de interior: hay que probar el ternasco asado, las migas con chorizo y ajo y los embutidos turolenses, perfectos en los días de frío. Todo ello acompañado de vinos de proximidad y de postres clásicos como las tortas dulces o las frutas de temporada.

Lo más sencillo es volar al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas y aprovechar para descubrir los secretos de Madrid y, desde allí, conducir unas tres horas por la A-2 y la A-23, recorriendo unos 280 kilómetros hasta llegar a Albarracín. También se puede combinar tren hasta Teruel y luego continuar en coche o autobús, aunque el vehículo propio da mucha más libertad para moverse por los alrededores.

Rupit, un pueblo colgado en Cataluña

Rupit

En la comarca de Osona, en la Cataluña interior, se encuentra Rupit, un pequeño pueblo medieval que parece detenido en el tiempo. Sus casas de piedra se adaptan a la roca, las calles son empinadas y adoquinadas y casi todo el casco histórico se recorre en pocos minutos, aunque la gracia está en detenerse en cada detalle.

Dos de sus símbolos más reconocibles son el puente colgante de madera sobre el río Rupit, que cruje ligeramente al paso, y la iglesia de Sant Miquel, con orígenes en el siglo XII y sucesivas ampliaciones que la han ido transformando. Alrededor se suceden balcones floridos, portales de piedra y pequeñas plazas donde el silencio manda buena parte del año.

Desde Rupit parten senderos que llevan a la cascada del Salt de Sallent, un impresionante salto de agua que cae desde una gran altura y ofrece vistas memorables del entorno, especialmente tras épocas de lluvia. Es una excursión sencilla que permite descubrir el paisaje de riscos y bosques que rodea el pueblo.

En las mesas de los restaurantes locales reinan las recetas catalanas de toda la vida. No faltan la escudella (guiso de carne y verduras), las butifarras a la brasa, las judías del ganxet y toda una colección de quesos y embutidos de la zona que hacen las delicias de quienes se acercan a pasar el día o el fin de semana.

Lo más cómodo es volar al aeropuerto de Barcelona-El Prat y aprovechar para visitar la Casa Batlló y otras grandes obras, y, desde allí, tomar un coche para cubrir el trayecto de alrededor de 90 minutos hasta Rupit. El último tramo discurre por carreteras comarcales que atraviesan bosques y pequeños pueblos, muy agradables si se viaja sin prisa.

Monschau y otros pueblos perfectos para perderse

Monschau

En Alemania, muy cerca de la frontera con Bélgica, se encuentra Monschau, una pequeña ciudad donde parece que no ha pasado el tiempo en los últimos 300 años. Su casco antiguo está lleno de casas con entramado de madera, calles empedradas y un castillo que domina el conjunto desde lo alto de una colina.

Para llegar, lo más cómodo es viajar hasta Aachen (Aquisgrán), la ciudad grande más cercana. Desde allí se puede tomar un autobús que, en algo más de una hora, llega hasta Monschau. Es una escapada ideal desde Colonia o Düsseldorf para quienes disfrutan de los pueblos de cuento centroeuropeos.

Completan este mosaico de rincones secretos destinos como Tenby, en Gales, con sus casas de colores y playas frente al castillo; Blagaj, en Bosnia-Herzegovina, con su monasterio derviche encajado junto a un manantial turquesa; o Saturnia, en la Toscana, donde las aguas termales de las Cascate del Mulino forman piscinas naturales de piedra caliza al aire libre. Y, en la remota Islandia, el pueblo de Vik sorprende con su playa de arena negra, los farallones de Reynisdrangar y acantilados que parecen el fin del mundo, aunque en realidad son el comienzo de una de las costas más espectaculares del planeta.

Tenby

Entre votaciones de viajeros, recomendaciones de revistas especializadas y rutas sugeridas por empresas de alquiler de coches o cruceros fluviales, queda claro que Europa es mucho más que sus grandes capitales.

Desde pequeñas islas volcánicas como Corvo hasta valles vitícolas como el Douro, pasando por pueblos medievales como Albarracín, Rupit o Monschau, el continente ofrece infinitas posibilidades para viajar despacio, saborear cada parada y redescubrir esa Europa tranquila y auténtica en la que todavía se puede caminar sin prisas, charlar con los vecinos y sentir que cada día de viaje cunde el doble.