Si creías que ya lo habías visto todo en Praga porque has paseado mil veces por el Puente de Carlos, el Castillo y la Plaza de la Ciudad Vieja, vas a descubrir que la capital checa tiene muchos rincones secretos, curiosos y poco conocidos que siguen pasando desapercibidos para la mayoría de turistas. Desde palacios escondidos a colinas con historia bélica, pasando por museos rarísimos, callejones con semáforo o bares de lo más bizarro.
A continuación encontrarás una guía muy completa con lugares alternativos, joyas escondidas y experiencias diferentes en Praga, pensada tanto para quienes ya han estado varias veces en la ciudad como para viajeros inquietos que, incluso en la primera visita, quieren ir más allá de lo típico. Te esperan jardines barrocos con vistas de cine, monasterios cerveceros, rutas de arte callejero, cementerios históricos, beach clubs a orillas del Moldava y hasta talleres para hacer jabón con cerveza.
Praga medieval y palacios ocultos: museos y residencias históricas

En pleno corazón de la Ciudad Vieja, a espaldas de la Iglesia de Nuestra Señora de Týn y a dos pasos de la plaza principal, se esconde la Casa del Anillo de Oro, una sede del Museo de la Ciudad de Praga que pasa desapercibida para muchos. Aquí se exhiben dos montajes muy interesantes: una exposición interactiva sobre la Praga de Carlos IV (el emperador responsable de joyas como el Puente de Carlos) y otra llamada Praga 1606, que recrea el aspecto de la ciudad en pleno Renacimiento tardío y época gótica. Es un lugar ideal para hacerse una idea visual y muy entretenida de cómo era la capital hace varios siglos.
A muy poca distancia del Puente de Carlos, otra joya poco conocida espera entre callejuelas: el palacio Clam-Gallas (a veces citado como Glam-Gallas). Este palacio urbano es uno de los conjuntos barrocos mejor conservados del mundo y, además, es el único palacio barroco de Praga completamente accesible al público. En el siglo XVIII fue un auténtico centro de vida social y cultural, donde llegaron a actuar figuras como Wolfgang Amadeus Mozart o Ludwig van Beethoven. Sus interiores son un derroche de estucos, frescos y decoraciones que se recorren a tu aire con audioguía.
Lejos del bullicio del casco histórico, pero todavía dentro del término municipal, se encuentra el recinto del palacio de Ctěnice, en el extremo noreste de la ciudad. Este antiguo complejo fortificado de origen gótico, rodeado de un gran parque, muestra cómo era la vida en el campo checo en siglos pasados. Las exposiciones repasan el pasado de la campiña y la artesanía tradicionales, así como la historia del pueblo de Vinoř, donde está ubicado el palacio. Para rematar, el recinto ofrece la posibilidad de dormir en acogedoras habitaciones instaladas en un antiguo granero, con un ambiente muy romántico y rural.
Otro conjunto monumental que muchos pasan de largo, a pesar de su situación estratégica junto al Puente de Carlos, es el Klementinum. Se trata de uno de los mayores complejos arquitectónicos de Europa, con una atmósfera casi detenida en el tiempo. Dentro puedes admirar la Capilla de los Espejos, única en Bohemia por su decoración repleta de espejos, la impresionante biblioteca barroca (de las más hermosas e importantes del mundo) y su antigua torre astronómica. Desde lo alto se disfrutan vistas fantásticas del casco histórico. Este lugar conserva, además, los registros meteorológicos continuos más antiguos de Europa: se llevan realizando observaciones periódicas desde hace más de 250 años, algo único en el mundo.
Miradores, colinas históricas y parques con vistas de escándalo

Una de las panorámicas menos masificadas de la ciudad la encontrarás en la colina de Vítkov, al este del centro histórico. En la cima se levanta el Monumento Nacional, un mastodonte de mármol y latón coronado por la imponente escultura ecuestre de Jan Žižka, considerada la más grande de Europa Central. La colina fue escenario de episodios clave de la historia checa, algo que queda muy claro al visitar el interior del monumento, donde se repasa la lucha del Estado checo por la libertad y la democracia. Aquí, en tiempos comunistas, llegó a exhibirse el cuerpo embalsamado del primer presidente comunista de Checoslovaquia. En la azotea te espera una cafetería con terraza panorámica donde tomar algo con la ciudad a tus pies.
Muy cerca de Vítkov se extiende el barrio de Žižkov, una zona alternativa famosa por tener una de las mayores concentraciones de bares por metro cuadrado de Europa. Sin embargo, su gran icono es la torre de televisión de Žižkov, con 216 metros de altura, el edificio más alto de Praga. En su estructura trepan los inquietantes bebés gigantes de David Černý, y en el mirador, situado a 93 metros, se obtiene una de las vistas más espectaculares de la ciudad. A sus pies se encuentra el llamado “otro cementerio judío”, el antiguo cementerio de Žižkov, mucho menos visitado que el archifamoso de Josefov, pero con una atmósfera igual de fascinante y mucho más tranquila.
En la margen izquierda del Moldava, el Monte Petrín ofrece otro pulmón verde lleno de sorpresas. La colina, de unos 140 metros de altura y construida sobre antiguos viñedos (todavía quedan algunos rincones de viña), está surcada por caminos que serpentean entre los árboles. Por allí te cruzas con parques, pequeñas iglesias, miradores y hasta un laberinto de espejos que encanta a los más curiosos. Es uno de los espacios preferidos por los praguenses para pasear, tumbarse al sol o hacer picnic, algo así como el “Central Park” local.

En la cima del Monte Petrín se alza la torre de observación de Petrín, una estructura metálica de 60 metros inspirada en la Torre Eiffel. Aunque es bastante más baja que su hermana parisina, por su ubicación elevada la punta queda aproximadamente a la misma altitud sobre el nivel del mar que la Torre Eiffel. Puedes subir por unas escaleras de unos 300 peldaños o pagar un pequeño suplemento para tomar el ascensor. Las vistas del Castillo de Praga, la Catedral, la Ciudad Vieja y los puentes sobre el Moldava al atardecer son una auténtica pasada.
Justo al lado de la torre se encuentra la discreta Iglesia de San Lorenzo, levantada en el lugar de una antigua iglesia románica. Durante un tiempo tuvo usos residenciales y hoy funciona como sala de conciertos, conservando su esencia histórica. En primavera, parte del festival Primavera de Praga se celebra aquí. A pocos pasos se ve también un tramo del llamado Muro del Hambre, una construcción que, según la tradición, mandó levantar Carlos IV principalmente para dar trabajo y un salario mínimo a la población en épocas de penuria económica.
En otra zona elevada de la ciudad, el pabellón Hanavský se asoma al Moldava desde el parque de Letná. Este edificio, que mezcla hierro forjado, cristal y cemento, fue construido para la Exposición de 1891 y perteneció al príncipe Guillermo Hanavský. Desde allí se disfrutan vistas magníficas de todos los puentes que cruzan el río, con el casco histórico de fondo, y suele haber mucha menos gente que en los miradores más famosos. Al atardecer, con el sol cayendo sobre el Moldava, es un rincón difícil de superar.
Jardines, oasis urbanos y bosques dentro de la ciudad

Debajo del Castillo de Praga, lejos del gentío que recorre las fortificaciones, se despliega un conjunto de jardines palaciegos conectados entre sí, un auténtico oasis de calma en plena ciudad. A estos jardines se puede acceder desde la calle Valdštejnská, cerca de la estación de metro Malostranská. La combinación de arquitectura histórica, escalinatas, terrazas y naturaleza los convierte en el lugar ideal para desconectar tras visitar el Castillo.
A escasos metros se encuentra la verdadera joya de la zona: el Jardín de Vrtba (o Vrtbovská zahrada), uno de los jardines barrocos más bellos de Chequia. Su forma aterrazada lo hace extremadamente fotogénico y ofrece encuadres de escándalo con el Castillo de Praga de fondo. Aunque la época estrella para visitarlo es finales de abril y mayo, cuando la vegetación está en su máximo esplendor, el lugar tiene encanto durante todo el año. Para muchos viajeros reincidentes en la ciudad, descubrir este jardín es uno de esos momentos “wow” que no esperaban.
No muy lejos del centro, pero bastante desconocido, el Jardín Ztracenka en Albertov se presenta como un pequeño paraíso verde en medio de la gran ciudad. Este parque escalonado, situado cerca de Vyšehrad, es perfecto para relajarse, leer un rato o disfrutar de vistas diferentes de Praga desde un ángulo menos habitual. Suele estar mucho más vacío que otros parques, así que es ideal si buscas un descanso real del bullicio.

En la parte sur de la ciudad, el parque Grébovka o Jardines de Havlíček combina naturaleza, patrimonio y cultura del vino. En el corazón del parque se esconde una antigua gruta artificial que puedes recorrer, un lugar de lo más fotogénico. Desde su mirador se divisa buena parte de Praga, y el viñedo, restaurado recientemente, aporta un aire muy especial al conjunto. Aquí puedes probar vino local en el coqueto Vineyard Gazebo de madera situado sobre la viña, o sentarte en la terraza de la cafetería Pavilon Grébovka, que conserva una réplica única de la pista de bolos del siglo XIX.
Si lo que quieres es sentir que te has escapado al bosque sin salir de la ciudad, aceŕcate a la residencia de verano Hvězda y su reserva forestal. En medio de un parque arbolado se alza una curiosa construcción renacentista en forma de estrella de seis puntas, diseñada como casa de recreo. Lo realmente especial, no obstante, es el propio parque forestal, considerado uno de los últimos lugares de Praga donde se conserva la naturaleza casi intacta, sin talas masivas ni urbanización intensiva. En invierno, al ser una zona donde la nieve aguanta más tiempo, es un clásico para practicar esquí de fondo.
Barrios con encanto y escenarios de cuento

Muy cerca del Castillo de Praga se esconde uno de los rincones más singulares de la ciudad: el llamado Nuevo Mundo de Hradčany. Aquí, en plena zona monumental, las calles estrechas y silenciosas parecen pertenecer a un pueblo remoto, con casitas de cuento, algunas de ellas de madera, que parecen congeladas en el tiempo. Pasear por este barrio, todavía bastante intacto desde hace siglos, es una manera fantástica de sentir una Praga totalmente diferente sin alejarse del circuito habitual.
En la zona de Malá Strana, la Isla de Kampa también esconde rincones especiales. Muy cerca del famosísimo muro de John Lennon, se encuentra el Molino del Gran Prior (Velkopřevorský mlýn), un antiguo molino de agua encajado bajo uno de los estribos del Puente de Carlos. En invierno, cuando la escarcha se acumula en la rueda, el ambiente resulta casi irreal. El pequeño puente que cruza el canal Čertovka, desde el que se observa el molino, está lleno de candados que las parejas van dejando, como en tantos lugares de Europa. El edificio del molino se ha reconvertido en restaurante.

No muy lejos de allí, en una esquina de Malá Strana, hay una callejuela tan estrecha que se ha convertido en uno de los lugares más curiosos de Praga: el callejón del semáforo. Se trata de un pasadizo peatonal que apenas permite el paso de una persona y que, para evitar atascos de turistas, está regulado con un semáforo peatonal en cada extremo. Cuando la luz se pone en verde, cruzas; si está en rojo, toca esperar. Uno de los extremos da a una vía pública y el otro a la entrada de un bar, donde se encuentra la terraza con buenas vistas sobre el Moldava y el Puente de Carlos.
En las inmediaciones del callejón se pueden encontrar algunas de las esculturas más provocadoras de David Černý, el artista más irreverente de Chequia. Una de las más conocidas en esta zona es la de dos figuras masculinas meando sobre una piscina con la forma del mapa de la República Checa. A través de sus movimientos, las esculturas “escriben” frases célebres, y existe incluso la posibilidad de enviar un SMS al número indicado para que “dibujen” un mensaje a petición.
Fortalezas, cementerios y memoria histórica
Más allá del castillo, Praga conserva otros recintos fortificados cargados de historia. Uno de los más fascinantes es la fortaleza de Vyšehrad, que muchos visitantes olvidan incluir en su ruta. Este complejo, situado sobre un promontorio rocoso junto al Moldava, combina murallas, parques, vistas inmejorables del río y varios edificios históricos. Sin embargo, su rincón más especial es el cementerio de Vyšehrad, donde descansan algunas de las grandes figuras de la cultura checa.
En este cementerio se encuentran las tumbas del pintor modernista Alfons Mucha, del compositor Antonín Dvořák y de Bedřich Smetana, autor de la célebre obra sinfónica “Mi patria”, probablemente la pieza musical checa más conocida internacionalmente. El camposanto, con sus esculturas y panteones, es también un lugar perfecto para entender mejor el orgullo cultural del país.
Otro espacio que invita a recordar momentos oscuros del siglo XX es el Monumento a las Víctimas del Comunismo, situado al pie del Monte Petrín. Se compone de siete figuras humanas que descienden por unas escaleras, cada una cada vez más “descompuesta” que la anterior: a medida que se alejan van perdiendo partes del cuerpo hasta casi desaparecer. Esta degradación física simboliza las pérdidas y el deterioro sufridos por las personas bajo el régimen comunista. En el suelo, una banda con texto indica las cifras de encarcelados, perseguidos y ejecutados durante esos años. El monumento, inaugurado no sin polémica, incluso sufrió un atentado con bomba al poco tiempo.
En el capítulo de memoria histórica también entra la torre de agua de los Molinos Nuevos, en la orilla derecha del Moldava. Este edificio barroco acoge hoy una exposición permanente sobre los grandes incendios que ha padecido Praga a lo largo de los siglos y sobre la evolución del cuerpo de bomberos de la ciudad. Es una manera diferente y muy curiosa de acercarse al pasado urbano, más allá de los tópicos.
Museos peculiares, magia y alquimia en Praga

Entre los museos menos convencionales de la ciudad destaca el llamado Museo de la Alquimia, ubicado en la antigua casa del alquimista Edward Kelley, que trabajó para la corte del emperador Rodolfo II. El emperador estaba obsesionado con encontrar el elixir de la eterna juventud y la piedra filosofal, y Kelley era uno de los personajes implicados en estas investigaciones. Hoy, la casa se ha convertido en un museo lleno de frascos, pócimas y aparatos extraños.
Durante la visita se desciende a un conjunto de túneles y cámaras subterráneas descubiertas relativamente hace poco, en 2002. Allí se conservan hornos, alambiques y recipientes originales que ayudan a imaginar cómo trabajaban los alquimistas de la época. La entrada solo se puede hacer mediante visita guiada del propio museo, lo que añade contexto y hace que el recorrido gane bastante interés.
Si te interesa la cultura del libro y las bibliotecas, en el centro de la ciudad también encontrarás la Biblioteca Municipal de Praga, una de las más grandes de la capital. Aunque sus fondos históricos incluyen piezas tan antiguas como una Biblia impresa en 1488, muchos visitantes acuden sobre todo atraídos por la instalación “Idiom”, una torre de miles de libros apilados que, gracias a un ingenioso juego de espejos, da la sensación de ser un pozo de volúmenes infinito. La pequeña abertura en forma de lágrima permite asomarse al interior y sacar una de las fotos más originales de la ciudad.

Con todos estos rincones secretos, jardines escondidos, colinas históricas, museos raros, bares temáticos y experiencias frikis, queda claro que Praga va mucho más allá de sus postales más famosas y ofrece material de sobra para varias visitas sin repetirse. Si combinas algunos de estos lugares con los imprescindibles de toda la vida, tendrás un viaje mucho más completo, auténtico y divertido, capaz de sorprender incluso a quienes se pensaban que ya conocían la ciudad al dedillo.
