Si estás soñando con llevar a alguien especial a Suiza para disfrutar de la nieve en diciembre, es muy probable que Zermatt y el Matterhorn (Cervino) ya ronden tu cabeza. Ese contraste brutal entre las casitas de madera y la silueta perfecta de la montaña es difícil de olvidar, y quien la ve una vez, suele querer repetir. Pero claro, también apetece descubrir otros pueblos de los Alpes suizos que ofrezcan algo parecido sin necesidad de ponerse unos esquís.
En este artículo vas a encontrar una guía muy completa para elegir 3 pueblos cerca de Zermatt y otras aldeas alpinas que son una pasada para no esquiadores, con nieve en invierno, muchas excursiones sencillas y un ambiente de cuento.
Por qué Zermatt es el modelo a seguir

Antes de hablar de alternativas, conviene entender bien qué hace tan especial a Zermatt como pueblo alpino, sobre todo para quienes no tienen intención de esquiar. Este pueblo del cantón del Valais, al suroeste de Suiza, se ha convertido en uno de los destinos de montaña más famosos del mundo, y no es casualidad.
Una de sus señas de identidad es que Zermatt es un pueblo sin coches: sólo se permiten vehículos eléctricos, así que el ambiente es muy tranquilo, el aire limpio y las calles se disfrutan caminando sin ruido de tráfico. La arteria principal, la Bahnhofstrasse, está llena de cafés, restaurantes, tiendas deportivas, boutiques de lujo y tiendas de recuerdos, todo ello rodeado de chalets de madera y hoteles de tamaño medio, sin grandes bloques que estropeen el paisaje.
El gran protagonista es, por supuesto, el Matterhorn o Cervino, de 4478 metros. Desde el mismo pueblo, por ejemplo desde el puente de la iglesia o la plaza de la iglesia, ya se ve esa pirámide perfecta que se ha convertido en símbolo de Suiza. Es tan icónica que durante años protagonizó los envoltorios del chocolate Toblerone. El ascenso a la cumbre sólo está al alcance de alpinistas muy preparados, pero disfrutar de sus vistas es facilísimo gracias a los trenes y teleféricos que parten del pueblo.
Zermatt es un destino de naturaleza en cualquier época del año: en verano y otoño ofrece una red enorme de senderos bien señalizados, muchos de ellos accesibles para personas con forma física normal, y en invierno presume de 360 km de pistas de esquí repartidas entre zonas como Sunnegga-Rothorn, Gornergrat-Stockhorn y Matterhorn Glacier Paradise. Incluso si no esquías, moverte por estas áreas con los remontes es una experiencia en sí misma.
Además, el pueblo funciona como base perfecta para todo tipo de planes al aire libre: rutas en bici de montaña, paseos familiares, senderos panorámicos, pequeñas aldeas cercanas, glaciares, lagos y miradores que te dejan con la boca abierta. Para los que buscan ajustar presupuesto, existen pases como el Peak Pass, que incluye subidas a puntos clave como Gornergrat, Rothorn o Matterhorn Glacier Paradise, y opciones de descuentos con el Swiss Travel Pass o la Swiss Half Fare Card, ideales si vas a moverte bastante en transporte público.

Saas-Fee: la “perla de los Alpes” del Valais

A apenas unas horas de Zermatt, en el mismo cantón del Valais, se encuentra Saas-Fee, otro pueblo sin coches situado en un valle glaciar rodeado de picos de más de 4.000 metros. Visualmente recuerda mucho a Zermatt: casitas de madera, calles estrechas y un circo de montañas nevadas que lo arropa por todos lados.
Para no esquiadores, Saas-Fee ofrece varias opciones de senderismo invernal, rutas con raquetas de nieve, miradores accesibles en teleférico y paseos muy agradables entre bosques y praderas cubiertas de nieve. También hay pistas de trineo y actividades típicas de invierno, por lo que resulta ideal para familias o para acompañantes de esquiadores que prefieran algo más tranquilo.
En diciembre es bastante probable encontrar paisajes nevados a pie de pueblo, porque su altitud es considerable. Además, el ambiente sigue siendo de pueblo de montaña, algo menos masificado que Zermatt, por lo que es una alternativa muy a tener en cuenta si buscas algo similar pero con un punto más relajado.
Bettmeralp y el glaciar Aletsch

Otra alternativa fantástica es Bettmeralp, un pueblo peatonal situado en la zona del glaciar Aletsch, el más grande de los Alpes. Aunque no esté puerta con puerta con Zermatt, se puede combinar fácilmente moviéndose por el Valais y encaja perfecto en una ruta de varios días por la región.
Lo que hace único a Bettmeralp es que, además del encanto de sus chalets de madera y sus vistas abiertas, está pegado a una de las maravillas naturales de Suiza: el glaciar Aletsch. Desde las estaciones de montaña y miradores cercanos se contempla ese río de hielo interminable, algo que impresiona incluso a quienes ya han visto muchos glaciares.
Para quienes no esquían, abundan los senderos panorámicos sencillos, paseos por el pueblo (sin coches, como en Zermatt), rutas con raquetas y pequeñas excursiones a miradores señalizados. El acceso se hace combinando tren y teleférico, así que la experiencia de “subir a la montaña” empieza ya en el trayecto.
Verbier: panorámicas y ambiente alpino chic

Verbier es otra de las grandes estaciones del Valais, famosa por su dominio esquiable y por su ambiente animado y algo más glamuroso. Aunque es muy conocida por el freeride y las competiciones de esquí extremo, también es un buen lugar para disfrutar de nieve y montaña sin necesidad de tocar una tabla.
Desde el pueblo parten telecabinas hacia varios puntos altos con vistas fantásticas de los Alpes, hay caminos preparados para caminar con calzado de invierno o raquetas, y muchas cafeterías y restaurantes donde refugiarse cuando refresca. Quizá no tiene un icono tan reconocible como el Matterhorn, pero el paisaje de picos y valles es de postal.
Si buscas un sitio donde combinar paseos fáciles, un poco de ambiente nocturno y cierto aire exclusivo, Verbier puede encajar muy bien. Eso sí, en temporada alta (Navidad, Año Nuevo y febrero) suele ser caro y bastante concurrido, así que conviene reservar con tiempo.
Mejor época para ir a Zermatt y alrededores
La zona de Zermatt funciona prácticamente todo el año como destino turístico, pero la experiencia cambia mucho según la temporada. Verano e invierno son alta temporada, con más gente y precios más altos; primavera y otoño ofrecen un ambiente mucho más tranquilo.
En verano, especialmente en julio y agosto, hay bastante afluencia de grupos organizados y autobuses, pero a cambio los senderos están en muy buen estado, las praderas verdes y las temperaturas son suaves en altura. Si no te gustan las aglomeraciones, quizá prefieras ir a finales de mayo, junio temprano o ya entrado septiembre.
En primavera avanzada, más hacia finales de mayo y junio, muchos caminos ya están accesibles, aunque todavía puede quedar algo de nieve en las zonas altas. Es una época preciosa para ver flores alpinas y contrastes de verdes y blancos. En otoño, finales de septiembre y octubre, los bosques se tiñen de dorado mientras las cumbres permanecen nevadas, creando uno de los paisajes más bonitos del año; consulta ideas sobre cosas que hacer en el otoño en Suiza.
En invierno, Zermatt se transforma en un pueblo navideño de cuento: luces, nieve, chimeneas encendidas y pistas en pleno apogeo. Es muy buena época si viajas en diciembre con la intención de ver nieve sí o sí, especialmente si subes a zonas altas con remontes. Aunque no esquíes, disfrutarás del ambiente y de las vistas invernales.

