
Viajar a Suiza y quedarse solo en Zúrich es, siendo sinceros, perderse algunos de los pueblos y ciudades pequeñas más bonitos del país. En menos de una hora de tren puedes plantarte en rincones medievales de cuento, en orillas de lago con atardeceres de postal o frente a la cascada más caudalosa de Europa. Todo ello sin necesidad de coche y con la comodísima red ferroviaria suiza como gran aliado.
Si te estás preguntando qué 3 pueblos cerca de Zúrich no deberías perderte, la realidad es que el entorno de la ciudad está tan lleno de joyas que es imposible quedarse solo con tres. Stein am Rhein, Rapperswil, Lucerna, Schaffhausen, Einsiedeln, Appenzell o Zug aparecen una y otra vez en las guías y en los blogs de viaje por una razón muy clara: son fáciles de alcanzar en una excursión de un día y condensan lo que uno espera de Suiza: cascos antiguos cuidados, frescos en fachadas,lagos, montes verdes y un ambiente pausado que invita a pasear sin prisa.
Stein am Rhein: el pueblo de los frescos junto al Rin

Stein am Rhein está considerado uno de los pueblos más bonitos de Suiza y, en cuanto pones un pie en su plaza principal, entiendes por qué. Situado cerca de la frontera con Alemania y a alrededor de una hora de Zúrich en tren (algo más si haces combinación), su casco antiguo se conserva como si el tiempo se hubiera detenido en plena Edad Media.
En la plaza del ayuntamiento te encontrarás rodeado de casas con estructura de madera y fachadas cubiertas de frescos de colores intensos, tan detallados que parecen ilustraciones de un libro de cuentos. Muchas de estas pinturas representan escenas históricas, figuras alegóricas o motivos religiosos y se han convertido en la imagen icónica del pueblo.
La estación de Stein am Rhein está algo apartada, pero el paseo hasta el centro es sencillísimo: unos cinco minutos a pie por una calle prácticamente recta. Esto hace que llegar sea muy cómodo incluso si vas cargado o viajas con niños. Nada más entrar en el núcleo histórico, el empedrado, las ventanas floridas y las fuentes te marcan el cambio de ambiente respecto a la gran ciudad.

Uno de los mejores planes aquí es perderte por las callecitas y fotografiar sin prisa cada rincón. La zona de Understadt, que desciende hacia la puerta medieval de Untertor, conserva aún el aire de villa amurallada. La torre del reloj y la antigua puerta de acceso recuerdan la importancia defensiva que tuvo el lugar en otros tiempos.
Muy cerca del ayuntamiento se encuentra la oficina de turismo de Stein am Rhein, útil si quieres mapas o información sobre pequeñas rutas de senderismo por los alrededores, aunque conviene tener en cuenta que el horario suele ser bastante limitado y puede que la encuentres cerrada a última hora de la tarde.
A diferencia de otras localidades más grandes, en Stein am Rhein no necesitas una lista rígida de monumentos; lo mejor es pasear, entrar en alguna tienda de recuerdos y sentarte en una terraza a tomar una cerveza o un café. Muchos viajeros coinciden en que, si vas a última hora del día o en jornadas lluviosas, el pueblo se queda casi vacío y la experiencia se vuelve aún más especial.
Schaffhausen y las Cataratas del Rin: ciudad pintoresca y la cascada más grande de Europa

Schaffhausen (Escafusa en castellano) es una pequeña ciudad del norte de Suiza que combina un centro histórico muy coqueto con la proximidad a las impresionantes Cataratas del Rin, el salto de agua más caudaloso de Europa. Todo ello, a menos de una hora de Zúrich y con trenes directos frecuentes desde la estación central Zürich HB.
El viaje en tren dura alrededor de 50-60 minutos y los convoyes salen aproximadamente cada media hora, por lo que organizar una excursión de un día es facilísimo. El coste del billete de ida ronda los 23 € por persona (similar para la vuelta), lo que suele resultar más rentable que alquilar un coche solo por un día, si sumamos gasolina, peajes, parkings y seguro.
Nada más llegar, verás que la estación de Schaffhausen está pegada al casco antiguo, así que en un par de minutos estarás caminando por sus calles. Aunque técnicamente es una ciudad, el centro se recorre como si fuera un pueblo: compacto, peatonal en gran parte y con un ambiente muy tranquilo.
El casco histórico destaca por sus edificios renacentistas decorados con frescos y ventanas voladas, un rasgo típico de la zona. Muchas fachadas lucen pinturas restauradas con escenas mitológicas, religiosas o históricas, lo que convierte un simple paseo en una especie de museo al aire libre. Es fácil pasar un buen rato mirando detalles y sacando fotos en cada esquina.
Uno de los grandes imprescindibles de Schaffhausen es el Munot, una fortaleza circular del siglo XVI situada en lo alto de un promontorio rodeado de viñedos. Desde abajo puede que la veas casi por casualidad, subiendo gente por un sendero entre parras. La subida no es dura y la recompensa lo merece: entrada gratuita y unas vistas muy chulas de la ciudad, los tejados y el Rin.
Si dispones de algo más de tiempo, a tan solo 4 km del centro se encuentran las Cataratas del Rin (Rheinfall), uno de los grandes espectáculos naturales de Suiza. Puedes llegar en tren o autobús desde Schaffhausen, o incluso combinar tu llegada desde Zúrich haciendo parada primero en una de las estaciones próximas a las cataratas y luego volviendo a la ciudad. Existen plataformas panorámicas y barquitos que se acercan al rugido del agua, ideales si quieres sentir de cerca la fuerza del río.
Para ahorrar un poco en un país tan caro como Suiza, muchos viajeros aprovechan que en la estación de Schaffhausen hay un supermercado Coop con platos preparados (ensaladas, bocadillos, comidas para llevar). En la propia estación hay mesas donde puedes sentarte a comer a cubierto, algo práctico si el día está lluvioso o hace frío.
Combinar en un solo día Schaffhausen, las Cataratas del Rin y, si madrugas, Stein am Rhein es factible. Desde Schaffhausen a Stein am Rhein hay tren directo sin transbordos en unos 30 minutos, y para regresar después a Zúrich puedes ir vía Winterthur con una conexión rápida.
Rapperswil: la “ciudad de las rosas” a orillas del lago de Zúrich

Rapperswil, conocida como “la ciudad de las rosas” por sus espectaculares rosaledas, se sitúa en la ribera alta del lago de Zúrich y es una de las escapadas favoritas tanto de locales como de turistas. Llegar desde Zúrich es coser y cantar: unos 40-45 minutos en tren, o unos 35 minutos si eliges traslado privado o vas en coche.
El gran protagonista del paisaje es el castillo de Rapperswil, encaramado sobre la localidad y visible desde casi cualquier punto. Dentro del conjunto se encuentra el Museo Polaco, y desde las murallas y terrazas se obtienen vistazas del lago y de los tejados del casco antiguo. Es un lugar ideal para sacar fotos panorámicas y hacerse una idea de la ubicación privilegiada de la ciudad.
En torno al castillo se extienden los famosos jardines de rosas de Rapperswil, con más de 15.000 rosales que florecen entre junio y octubre. Si viajas en esos meses, el aroma y el estallido de colores convierten la visita en algo todavía más especial; si vas fuera de temporada, el paseo sigue mereciendo la pena por el entorno y la vista del lago.

El paseo junto al lago es otro de los grandes atractivos: una orilla muy cuidada, perfecta para caminar, sentarse en un banco al sol o cenar con vistas al agua. Muchos viajeros optan por combinar la visita al casco histórico con algún rato de relajación en las terrazas del paseo marítimo, o incluso con paseos en bote de remos.
Rapperswil presume además de uno de los elementos más singulares del lago de Zúrich: el puente peatonal de madera más largo de Suiza, que une la ciudad con Hurden. Pasearlo es toda una experiencia, especialmente al atardecer, cuando la luz se refleja en el lago y las montañas empiezan a oscurecerse.
Otros pueblos y valles cerca de Zúrich que merece la pena conocer

Más allá de estos nombres archiconocidos, en los alrededores de Zúrich hay otros lugares que aparecen en guías y blogs como escapadas perfectas de un día. Quizá no sean siempre los tres primeros que se recomiendan, pero ayudan a entender la variedad de paisajes y ambientes que ofrece la región.
Wetzikon, en el Oberland de Zúrich, combina atractivos naturales con toques culturales. Destaca la reserva de humedales de Robenhauser Ried, ideal para caminatas y observación de aves, un pequeño museo local que recorre la historia de la zona desde el Neolítico hasta hoy y la cercanía del lago Pfäffikon, estupendo para paseos y ratos de descanso junto al agua.
Muy cerca, Auslikon se presenta como un pueblecito tranquilo en la orilla oriental del lago Pfäffikon. Su pequeña playa de guijarros, las zonas de juego y la posibilidad de practicar paddle surf (SUP) atraen sobre todo en verano. El entorno conserva un marcado carácter rural, con vestigios de su pasado como granja en terrazas y senderos que atraviesan juncales y antiguas zonas pantanosas.
El valle del Sihl (Sihltal), al suroeste de Zúrich, ofrece una escapada de puro verde. En él se encuentra el Sihlwald, el bosque caducifolio continuo más grande de Suiza, con rutas señalizadas para senderismo y bicicleta. También alberga el popular parque de animales de Zúrich, una reserva donde se pueden observar especies autóctonas en semilibertad, y el propio curso del río Sihl, que proporciona rincones muy agradables para pícnics o pequeños paseos.

En la propia órbita de Zúrich también se mencionan pequeños pueblos como Winkel y Bubikon, ejemplos de localidades tranquilas donde la vida discurre sin prisas, rodeadas de prados y campos, y donde la arquitectura tradicional se mezcla con el paisaje rural, ofreciendo ese ambiente sosegado que muchos viajeros buscan para desconectar.
Quienes visitan Zúrich por primera vez suelen sorprenderse al descubrir hasta qué punto la ciudad es solo la puerta de entrada a un mosaico de pueblos, valles y pequeñas ciudades llenas de encanto; con trenes frecuentes, excursiones combinables como Schaffhausen-Cataratas del Rin-Stein am Rhein en un mismo día, joyas clásicas como Lucerna o Rapperswil y rincones menos conocidos como Wetzikon, Auslikon o el valle del Sihl, tienes a tu alcance un montón de experiencias distintas sin alejarte demasiado y con la posibilidad de adaptar cada salida a tu estilo de viaje y al tiempo disponible.
