Explorando la casa de Ana Frank en Ámsterdam

Interior del Museo de Ana Frank

Ámsterdam es posiblemente una de las ciudades más completas de Europa: desde los cruceros a través de sus canales hasta sus jardines de tulipanes e iglesias de otro tiempo pasando por lugares tan icónicos como la casa de Ana Frank. Un refugio que, décadas después de los horrores de los que fue testigo, se abre al público para recordarnos la importancia de un mundo sin guerras ni conflictos. ¿Te vienes con nosotros a visitar la casa de Ana Frank?

La casa de Ana Frank: radiografía de un cuento de horror

Durante el conocido como siglo de oro neerlandés, el XVII, numerosos judíos llegaron huyendo de países como Portugal o Españapara instalarse en ciudades como Ámsterdam. Sería aquí donde comenzarían a trabajar las piedras preciosas hasta erigir un Barrio Judío convertido en uno de los lugares más famosos de la ciudad de los canales. Sin embargo, ninguno de ellos contó con la aparición de un hombre llamado Adolf Hitler cuyas tropas nazis tomarían la ciudad a principios de los años 40.

La familia Frank, formada por Otto Frank, su mujer Edith Hollander y sus hijas Margot y Ana, decidió huir de Alemania para instalarse en Ámsterdam, donde se dedicaron al comercio de especias. Una situación aparentemente idílica que se vio truncada cuando los nazis irrumpieron en la ciudad holandesa.

Antes de que fuera demasiado tarde, la familia se refugió en “la casa de atrás”, una extensión secreta del almacén en el canal Prinsengrach ubicado al oeste de Ámsterdam. A ellos se sumaron otras cuatro personas: Fritz Pfeffer, un dentista judío amigo de Otto, y la familia van Pels formada por Hermann y Auguste van Pels y su hijo Peter. El internamiento se inició un 9 de julio de 1942.

Poco antes de esta fecha, y coincidiendo con el cumpleaños número 13 de Ana, sus padres le regalaron un diario que se convirtió en el verdadero santuario de la joven durante sus años escondida. Unas hojas en las que no solo escribió del universo propio de una niña de su edad, sino de la tensión y los conflictos de un mundo que apenas comenzaba a entender.

Tras ser descubiertos por los nazis el 4 de agosto de 1944, la familia fue separada y trasladada a diferentes campos de concentración. Ana y su hermana Margot murieron de tifus en marzo de 1045 en el campo Bergen-Belsen, siendo su padre Otto el único superviviente de esta pesadilla. Tras regresar a Ámsterdam, las personas que se encargaron de proteger su ubicación durante sus meses en “la casa de atrás”, le cedieron los documentos y el diario de su hija.

En 1947, El diario de Ana Frank fue publicado convirtiéndose en un éxito y, paradójicamente, en el mejor reflejo del que fue uno de los episodios más oscuros de la humanidad. La popularidad del libro fue atrayendo el interés de lectores y locales que comenzaron a acercarse a la casa donde todo había sucedido, la cual estuvo a punto de ser demolida en la década de los 50.

Por suerte, el Museo Casa de Ana Frank fue inaugurado el 3 de mayo de 1960 convirtiéndose, de forma instantánea, en uno de los lugares obligados de visitar durante cualquier estancia en la ciudad de Ámsterdam.

Explorando la Casa de Ana Frank

Ubicado en el 263-267 de Prinsengracht, el Museo Casa de Ana Frank se conforma de un edificio principal donde Otto Frank poseía su negocio y una casa anexa comparada posteriormente por el museo. La primera vivienda consta de una planta baja en la que se encontraba la zona de pedidos y detrás el lugar donde se molían las especias, mientras que en la primera planta estaban instaladas las oficinas de los empleados de Otto, quien movió a esta dirección su negocio en 1940.

El conocido como Achterhuis (o casa de atrás), es una extensión del edificio rodeada de casas vecinas que permitían ocultar su posición, convirtiéndola en el refugio perfecto para la familia.

A lo largo de la visita, y especialmente tras atravesar la enorme estantería que, a modo de puerta, ocultaba el acceso a “la casa de atrás” comienza un recorrido por lugares que inspiran tanta nostalgia como compasión. La visita a la casa incluye una audioguía gratuita, aliada indispensable a la hora de comprender la historia de los Frank o cómo concebían el espacio que debieron compartir durante poco más de dos años.

De esta forma, podemos acceder al cuarto de baño compartido que inicia la inmersión en la casa,  la habitación en cuyas paredes Ana había estampado diferentes pegatinas de sus ídolos pin-up, o las ventanas en las que antaño la familia colocó grandes telas para ocultar su posición. Junto a la habitación de Ana luce la del resto de su familia, mientras la planta superior alberga los dormitorios de los van Pel y, poco después, se puede acceder al desván, en la parte superior.

La visita a la Casa de Ana Frank enlaza con el museo anexo donde una serie de grabaciones, audios, vídeos y documentos rescatan extractos de la familia y, especialmente, de Otto Frank tras su regreso a Ámsterdam. Palabras cautivadoras que, al menos en mi caso, formaron un nudo en la garganta, ya que ante todo, la experiencia de visitar la casa encuentra en su tramo final la justificación más visual de los horrores a los que fueron sometidos sus habitantes. El museo cuenta también con cafetería y una tienda en la que poder hacerse con souvenirs o un ejemplar del diario.

Dada la afluencia de la Casa de Ana Frank, se recomienda llegar lo más rápido posible a la entrada o reservar las entradas con antelación a través de su página web.

El horario del Museo Casa de Ana Frank abre todos los días de 9:00 a 23:00 horas.

Explorar uno de los grandes lugares de interés de Ámsterdam supone hacerlo también en uno de los episodios más cruentos de la historia. Un paseo por la vida y obra de una niña cuya concepción del mundo no incluía el dolor y sufrimiento al que miles de judíos se vieron sometidos durante toda la historia pero, especialmente, durante el siglo XX.

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Turismo

Escritor de viajes y literatura, colaborador en diversos medios y creador del blog El Escritorio Viajero, donde abordo lugares y libros exóticos como fuente de inspiración, arte o creatividad.

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