Essaouira: el pueblo azul y blanco de Marruecos

Marruecos es un país de muchos contrastes en el que tienen cabida desde coloridos bazares hasta campamentos bereberes en pleno desierto pasando también por deliciosas ciudad con alma de pueblo nómada. Tras sortear varias carreteras erosionadas, árboles de argan y dejando atrás el dinamismo de ciudades como Marrakech, la ciudad de Essaouira, en Marruecos, se convierte en el particular oasis para quienes anden buscando color, arte y relax, mucho relax en la costa atlántica del país del cous-cous.

Essaouira: Cien gaviotas dónde irán

Tras tres horas de autobús desde Marrakech llegamos a un pueblecito blanco asomado al Atlántico y sobrevolado por cientos de gaviotas. Tras experimentar el bullicio de la ciudad marroquí, encontrar un lugar así era lo más cercano a un espejismo que se vería interrumpido por los muchos comerciantes locales que esperaban a nuevos visitantes \”empujando\” el autobús para ofrecernos relojes y babuchas. Contratamos una carretilla para depositar el equipaje y llegamos hasta el alojamiento en Essaouira que habíamos escogido: el Atlantic Hostel, un hostel de mochileros muy recomendable no sólo por sus instalaciones, sino por el ambiente globalizado que se respira por sus cuatro costados en una tetería en la que los visitantes fuman cachimba, un bereber errante te adivina el futuro o una viajera japonesa dibuja una celosía en su cuaderno de viaje.

Al disponerte a conocer Essaouira te sumerges en su frescor, el blanco de sus paredes y azul de sus puertas, los bazares al aire libre donde comerciantes llegados del corazón de África venden sus artículos, desde viagra \”ecológica\” hasta juegos de té pasando por instrumentos musicales, pues además de relax, Essaouira es ante todo sinónimo de arte.

Fue aquí donde Orson Welles rodó parte de su película Otelo en 1952 y el rabel, un violín de tres cuerdas típico, se convierte en protagonista de los conciertos de jazz africano que se despliegan por los locales del pueblo, especialmente durante el Festival de Músicas del Mundo de la etnia gnaoua (Mali y Senegal) que se celebra todos los años a mediados de mayo.

Un ambiente delicioso a través de esos barrios blancos que respiran una historia contenida entre el casco histórico, las playas de Essaouira y la curiosa isla de Mogador.

Cultura y playa

Mogador, una isla llena de gaviotas situada frente a Essaouira fue conquistada en primer lugar por los fenicios, quienes descubrieron el color púrpura que sudaba el murex, un tipo de molusco autóctono cuyo tinte sería utilizado siglos después para teñir las togas del Imperio romano.

A lo largo del tiempo Essaouira fue visitada y conquistada por diversas culturas: los cartaginenses en el siglo V a.C., los bereberes en siglo I a.C., los romanos en el siglo III d.C., los portugueses en el siglo XV y finalmente los franceses en el XIX. Un collage de influencias extranjeras cuyo aspecto actual debe mucho al sultán Mohamed ben Abdallah, quien en 1764 restauró toda la ciudad, la fortificó y le concedió el nombre que hoy todos conocemos.

Tal base histórica convierten cualquier ruta a través de la Medina de Essaouira en un particular viaje en el tiempo.

La Kasbah de Essaouira, conocida como Sqala de Ville, es un tipo de fortificación bereber diseñada por el arquitecto francés Théodore Cornut en 1765, y en cuyas plantas bajas lucen las antiguas carpinterías de la ciudad. Un paseo por esta estructura de piedra nos descubre sus cañones dormidos y unas vistas inmejorables del Atlántico que golpea este oasis blanco de puertas azules.

Las torres vigía permiten el ascenso mediante rizadas escaleras de caracol, mientras el famoso ojo de buey de la Scala se convierte en el original mirador de una ciudad por el que se cuelas las gaviotas y sus barcas azules, una de las estampas más conocidas de Essaouira y de las más fotografiadas por los viajeros.

El paseo fortificado se extiende hasta alcanzar la place Moulay Hssan, un perfecto enclave desde el que admirar el encanto arquitectónico de la ciudad y al que sigue un puerto convertido en el alma de Essaouira. Aquí conviven tenderetes de marisco a buenos precios (una mariscada con langostinos, calamares y otros frutos de mar que-no-llegué-a-saber-que-eran-pero-estaban-buenos + patatas fritas + bebida no suele pasar de los 15 euros), mientras un bar de encanto bohemio-chic como Le Chalet de la Plage se convierte en perfecta opción para relajarse junto al mar gracias a una terraza desde la que tener Essaouira a tus pies, entre gaviotas, cocktails y puro encanto cosmopolita.

Finalmente, cualquier ruta por Essaouira finaliza en sus bellas y ventosas playas, ideales para la práctica de deportes acuáticos como el surf o el kite surf durante prácticamente todo el año. En esta orilla los camellos ofrecen sus monturas a los turistas, los colores surferos se apoderan del mar y al encanto de playas como Tagharte, Cap Sim o Kaouki  se suman los vientos místicos y unas gaviotas que parecen seguir controlando la llegada de nuevos visitantes.

Essaouira, en Marruecos es una ciudad con alma de pueblo ideal para unos días de descanso en la costa atlántica marroquí y colmada de opciones: arte, historia, playas y deportes en uno de los mejores oasis para reposar tras esa inyección de energía que supone cualquier viaje por el país magrebí.

 

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Alberto Piernas

Escritor de viajes y literatura, colaborador en diversos medios y creador del blog El Escritorio Viajero, donde abordo lugares y libros exóticos... Ver perfil ›

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