Guerreros de Terracota, el último gran secreto de China

Ejército de Terracota de Xian

Cuando en 1974 un agricultor llamado Yang Zhifa comenzó a cavar un pozo a una hora de Xi’an, en la provincia china de Shaanxi,  poco podía imaginar que terminaría encontrando hasta 8 mil figuras de guerreros y caballos elaborados en terracota, todos ellos mandados a construir por un emperador obsesionado con con las esculturas. Años después, los Guerreros de Terracota continúan siendo el último gran secreto de China desvelado al mundo y, posiblemente, también uno de los más espectaculares.

Guerreros de Terracota: el ejército imaginario de un emperador

Muchas han sido las historias vertidas en torno a los Guerreros de Terracota, pero lo cierto es que el origen de estas 8 mil figuras únicas tienen un nombre:  Qin Shi Huang (260 a.C. – 210 a.C.), el considerado como el Primer Emperador de China. Huang  consiguió unificar todo el país en el 221 a.C., proclamando una reforma monetaria, militar y artística única en la que encontramos proezas como el primer esbozo de la Gran Muralla China, un nuevo sistema de escritura, bastos sistemas de carreteras o la contratación de legiones de artesanos que reprodujeran sus mayores ambiciones en esculturas.

Sería durante un viaje hacia China Oriental, según muchos en busca de las islas de la inmortalidad, cuando Huang sería envenenado – se cree que con mercurio – y posteriormente enterrado en el hoy famoso Mausoleo de Qin Shi Huang, situado a unos 30 kilómetros al este de la ciudad de Xi’an. Se cree además que, en su tiempo, el propio complejo llegó a ostentar una cúpula de hasta 100 metros concebida para que el Primer Emperador pudiese seguir gobernando desde el “Más Allá”.

Con el tiempo, se añadieron hasta 8 mil figuras de terracota repartidas en tres fosos diferentes separados por ladrillos junto al mausoleo. Figuras que servían para dejar constancia de la influencia artística de una era marcada por grandes logros en la escultura y la historia, pues a pesar del tiempo, los guerreros continúan siendo una proeza de muchos colores, expresiones y significados.

A lo largo del tiempo, los fosos fueron atrapados por la propia tierra, desatándose cientos de leyendas que circulaban de boca a boca por parte de los campesinos de la zona. De hecho, se cuenta que muchos de ellos, a la hora de excavar pozos o labrar la tierra, encontraban trozos de estos guerreros que concebían como malditos, como un tabú. Sin embargo, sería un agricultor, Yang Zhifa, quien en 1974 daría la voz de alarma al encontrar el acceso a este cementerio de esculturas cuando trataba de excavar un pozo junto a su familia y uno de sus vecinos.

A partir de entonces, arqueólogos de todos el mundo llegaron para desmantelar este ejército dormido y darlo a conocer al mundo.

Guerreros de Terracota: lo que esconde el barro

En 1979, la fosa, de 200 metros de largo por 50 de ancho, fue abierta al público, siendo designada patrimonio de la Unesco en 1987. En un primer momento fueron desenterradas 7500 figuras, si bien durante los años siguientes comenzaron a descubrirse nuevos elementos como carros de bronce, esculturas de soldados menores y restos de armadura.

Aunque son muchos los expertos que creen que la elaboración de estas  figuras podrían tener un origen occidental tras la supuesta llegada de los griegos a esta zona 1500 años antes del ascenso al poder de la dinastía Qin, por el momento se sigue sopesando que, a pesar del arte minimalista que reinaba en China durante aquella época, la presencia de figuras a tamaño real (1.80 aproximadamente, habrían sido idea del Primer Emperador en su intento por reinventar la escultura china de aquel tiempo.

Los guerreros de terracota lucen una personalidad propia, aunque a juzgar por su bigote habrían sido creados en función de 10 perfiles orientales diferentes. A pesar de que hoy día lucen descoloridos y es difícil apreciar sus tonalidades debido al barro, las investigaciones han confirmado que fueron pintados en colores rojos y rosas (para simular el color de la piel), además de azul y dorado. Sus armaduras fueron concebidas también con terracota, apoyadas sobre tejas ocultas que acentuasen los rasgos militares de cada una de las figuras.

Hoy día, la fosa de los Guerreros de Terracota puede ser visitada al este de Xi’An, convertida en un referente quizás demasiado turístico al que se puede acceder desde la misma ciudad de Xi’An. Diferentes autobuses parten de la estación de tren y cobran un precio de 7 yuanes (0.88 euros), como es el caso del autobus 306 (el resto de minibuses suelen cobrar más caro, pero siempre se puede regatear).

Una vez se llega a la ciudad de Xi’An, contáis con la opción de recorrerla mediante una de las típicas visitas turísticas ofertadas por las oficinas de turismo o los propios hoteles. Dividir el itinerario a vuestro ritmo, repartiendo tiempo entre el mausoleo de Qin Shi Huang, la los Guerreros de Terracota o las también famosas Termas de Huang es otra de las opciones.

El precio de entrada para visitar las 8 mil figuras es de 110 yuanes (13 euros) y la taquilla abre hasta las 17:00 de la tarde en verano y de 08:30 a 16:30 en horario de invierno.

Una buena oportunidad para visitar el mayor legado de un emperador cuya tumba aún yace cerrada, conteniendo más secretos que, de ser descubiertos, podrían ser calcinados por el propio aire actual según los expertos.

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