Rouen. La leyenda de Juana de Arco.

 

Rouen, la capital del Sena Marítimo, se encuentra a 112 km al noroeste de París, y al igual que esta última ciudad, también se encuentra dividida en dos por el Sena.
Es muy conocida por sus pintorescas calles, y sus casas con entramados de madera, llamados “colombages” en las fachadas, y también por “Le Gros Horloge”, un espectacular reloj, situado sobre una bóveda renacentista, y cuyo mecanismo del siglo XIV, sigue siendo el más antiguo de Europa.

 

 

Pero si por algo es realmente conocida Rouen, es porque en cualquier rincón de la ciudad se hace tangible la leyenda de Juana de Arco, en cuya plaza (La place du Vieux Marché), fue quemada y martirizada por bruja y hereje el 30 de Mayo de 1431.

En el lugar dónde ella murió, se levantó una iglesia de extrañas formas (Iglesia de Santa Juana de Arco), y que conserva unas preciosas vidrieras del S. XVI, procedentes de la iglesia de S. Vicente, que como tantas cosas en Francia, fue destruida en la Segunda Guerra Mundial.

En el centro de esta plaza, hay una cruz, que recuerda el lugar en el que se colocó la hoguera  en dónde Santa Juana fue quemada, y muy cerca, encontraremos “Le musée de Jeanne D’arc”, situado en un sótano abovedado de la mencionada plaza, donde podremos encontrar maquetas, gravados, libros, una galería de figuras de cera, y una reconstrucción de su armadura y estandarte.
También, podremos escuchar una narración sobre su vida en cuatro idiomas, pero desgraciadamente el castellano no es uno de ellos.

Otro museo, y punto importante en Rouen si queremos seguir las  huellas de Juana, es el “Donjon”, un torreón que formaba parte del castillo construido en 1204 por Philippe Auguste, y el lugar donde se llevó a cabo el juicio contra  la heroína el 9 de enero de 1431, que fue amenazada de tortura en presencia de sus jueces.

La doncella de Orleans, es tan importante en la vida de Rouen, que el domingo más cercano al 30 de mayo, se celebran las fiestas en su honor, y un interesante mercado medieval que si podéis no debéis perderos.

Además, para endulzaros el camino de vuelta, o como recuerdo de vuestra estancia, podéis traer un postre típico de la ciudad, las llamadas “Lágrimas de Juana”, unas riquísimas almendras caramelizadas, forradas de chocolate negro y rebozadas en cacao.

Toda una delicia.

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